El último regalo a la humanidad



Al morir no siempre acaba todo. Cada día son más las personas que deciden que, una vez llegado el momento, sus restos mortales sean destinados al estudio. Un regalo altruista a la humanidad, que permite que la medicina avance y que cada día conozcamos mejor cómo es el ser humano…

El último regalo a la humanidad

Al morir no siempre acaba todo. Cada día son más las personas que deciden que, una vez llegado el momento, sus restos mortales sean destinados al estudio. Un regalo altruista a la humanidad, que permite que la medicina avance y que cada día conozcamos mejor cómo es el ser humano por dentro y por fuera. Son los donantes de cuerpo.

En las clases prácticas de anatomía es muy importante trabajar con cuerpos humanos. Foto: Ferrum College.

En las clases prácticas de anatomía es muy importante trabajar con cuerpos humanos. Foto: Ferrum College.

El estudio anatómico sobre restos humanos es una de las prácticas más importantes para los estudiantes de medicina. Aunque existen modelos artificiales elaborados con materiales sintéticos que recrean las distintas partes de la anatomía humana, hoy por hoy, el trabajo con restos humanos reales sigue siendo indispensable en la formación de los futuros profesionales de la salud. Aprender a diferenciar las diferentes partes y estructuras del cuerpo, así como el ensayo de distintos procesos quirúrgicos sin poner en peligro la vida del paciente, son solo algunas de las situaciones en las que es fundamental el uso de cuerpos humanos.

Cómo hacerse donante

Aunque cada universidad o centro investigador suele tener sus propios reglamentos internos para la obtención del material cadavérico, el método más habitual es el de recurrir a los registros de donantes de cuerpo a la ciencia. Un centro universitario como la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), necesita alrededor de 30 donantes anuales para cubrir sus necesidades, tanto de formación de sus alumnos como de reciclaje e investigación de profesionales médicos en activo.

Como explica Manuel Rubio, presidente de la Asociación Nacional de Donantes de Cuerpo a la Ciencia, el proceso para convertirse en donante es bastante sencillo. “Basta con dirigirse a cualquiera de los departamentos de anatomía de las diferentes universidades de medicina del país, o bien a través de la propia asociación. Únicamente se exige el requisito de ser mayor de edad y firmar un formulario de inscripción como donante de cuerpo acompañado de dos testigos”. A partir de ese momento recibiremos nuestro carnet de donante en el que, además de nuestros datos, aparecerá un número de teléfono al que se debe llamar en caso de fallecimiento.

Pero el hecho de registrarnos como donantes no implica que siempre vaya a hacerse efectiva la donación. Según la UMH, tan solo un 40% de los formularios finalmente se transforman en donantes reales. El motivo atiende a diversas razones: el más frecuente es que una vez producido el deceso, los familiares (muchas veces por desconocimiento de la condición de donante del fallecido) no lo comuniquen al centro. También existen supuestos en los que la propia universidad se ve obligada a no aceptar las donaciones, como son las muertes violentas, cuerpos que han sido sometidos a autopsias o cirugías extensas, fallecimientos por enfermedades víricas o contagiosas, o cuerpos con obesidad o delgadez extrema.

Un acto de altruismo

La donación de cuerpos es esencial para el estudio de la anatomía humana. Foto: Francisco Bengoa.

La donación de cuerpos es esencial para el estudio de la anatomía humana. Foto: Francisco Bengoa.

La donación del cuerpo a la ciencia es un acto totalmente desinteresado y gratuito. No existe ningún tipo de contraprestación material para el donante y es, en todos los casos, la institución receptora del cuerpo quien corre con los gastos derivados de la donación. Unos gastos que, solo en concepto de recogida, transporte y posterior incineración de los restos, una vez acabado el período de estudio, suele superar los 1.000 euros por donación, y que asume en su totalidad la universidad.

En el momento en que se recibe el aviso del fallecimiento se pone en marcha el protocolo de recepción del cuerpo. Lo más habitual es que las instituciones firmen convenios de colaboración con una empresa de servicios funerarios que será la encargada de trasladar los restos hasta la sala de disección donde se procederá a su tratamiento para garantizar su conservación. Puesto que se trata de materia orgánica el traslado se intenta hacer con la mayor rapidez posible para evitar que los tejidos se deterioren antes de su tratamiento con distintos productos como el formol o el ácido bórico.

En caso de que la universidad haya alcanzado el límite de cuerpos que necesita para su funcionamiento lo más habitual es que se proceda inmediatamente a su incineración, o bien se derive el cuerpo de ese donante a un centro universitario de otra localidad donde sí que exista una necesidad. Dependiendo del tipo de estudios a los que se dedique el cuerpo, el periodo de su utilización variará de entre uno a cinco años. Una vez concluye este tiempo los cuerpos son incinerados por la funeraria.

Según Rubio, no existe un perfil único del donante de cuerpo. “Tenemos desde gente muy joven con las ideas claras, que viven comprometidos con la sociedad, hasta personas muy mayores que deciden dar este paso para contribuir con un último regalo a las generaciones futuras”. A través de la asociación tienen contabilizados actualmente alrededor de 4.000 donantes registrados. Un número que ha crecido en los últimos años y que garantiza que puedan cubrirse las necesidades de las diferentes facultades de medicina de cara al futuro.

Rubio hace hincapié en que este incremento de las donaciones “se debe principalmente a un aumento de la concienciación y la educación de la población” y no a una táctica de la gente para ahorrarse los gastos del entierro en tiempos de crisis, como se ha publicado en muchos medios de comunicación. “Se trata en todo caso de un acto de altruismo, y en el momento que esto dejara de ser así una asociación como la nuestra perdería su razón de ser”.