El pluriverso de Miguel Noguera



De mirada translúcida, Miguel Noguera parece tener una visión poliédrica de la realidad. Sus desbarajustes, quiebros y giros narrativos tienen cabida en mundos paralelos factibles. Ahí reside el núcleo de su trabajo, en el que se siente cómodo, rompiendo lógicas y retozando con el pensamiento más detallista. Bienvenidos al pluriverso…

El pluriverso de Miguel Noguera

De mirada translúcida, Miguel Noguera parece tener una visión poliédrica de la realidad. Sus desbarajustes, quiebros y giros narrativos tienen cabida en mundos paralelos factibles. Ahí reside el núcleo de su trabajo, en el que se siente cómodo, rompiendo lógicas y retozando con el pensamiento más detallista. Bienvenidos al pluriverso de Miguel Noguera.

"Cuando dices que eres humorista se articula hacia un tipo de actitud ante la vida que no es la mía". Foto: Wladimir Cossio.

«Cuando dices que eres humorista se articula hacia un tipo de actitud ante la vida que no es la mía». Foto: © Wladimir Cossio.

Las parcelas en las que Miguel Noguera se expande son diversas. Licenciado en Bellas Artes y atraído por el canto, el clown y la escritura, ha conjugado una simbiosis que rompe los esquemas del humor. Nacido en Gran Canaria en 1979, Miguel Noguera ha bautizado a sus espectáculos como Ultrashows, una suerte de monólogo en el que despliega sus ideas y las acompaña con proyecciones de sus propias ilustraciones. Con tres libros bajo el brazo, ‘Hervir un Oso Ed’, ‘Belleza Infinita’, ‘Ultraviolencia’ y ‘Ser Madre Hoy’ (Ed. Belleza Infinita), Noguera ofrece un producto cuyo prisma es auténtico y rompedor.

Estudiaste Bellas Artes, ¿qué te pasó por la mente para acabar por estos derroteros?
Fue un amigo de la facultad quien me comentó hacer una lectura de textos que yo tenía escritos, y me preguntó sí tenía algunos más con una vena más relacionada con lo teatral. Había hecho un curso de teatro un par de veces por semana y uno de clown, así que esa disposición hacia lo teatral culminó con la lectura de los textos. En realidad no veo mucho la diferencia; veo más diferencia de formato que de contenidos.

Hay una especie de cóctel molotov en tus actuaciones porque incluso, a veces, cuando cantas, introduces una especie de opereta…
Hay un poco de canto también. Ya había cantado en una coral. Ahora estoy tomando clases de canto. Son apartados que me caen más cerca. Son cosas muy inmediatas: cantar, dibujar a bolígrafo. Son medios para mí muy inmediatos y sencillos: una idea dibujada, dicha o escrita es muy rápida.

Aparte de usar estas herramientas, en ultrashows anteriores te disfrazaste del personaje de Boomer, ¿volverá a ocurrir?
En realidad lo del personaje Boomer responde más al hecho de que podría ir vestido de cualquier forma. Por sí mismo no significa nada. Me hizo gracia y funcionó bien. Pero ahora me da palo, prefiero actuar con mi propia ropa porque es más fácil. O desnudo, desnudo también lo he hecho, porque es muy efectivo y no cuesta nada desnudarse, pero si lo haces, tiene más peso que lo que vas a decir. A mí es lo que me hace gracia. Te desnudas y es como que pasa algo muy grave y a la vez es una estupidez.

En todas tus actuaciones, aparte de todos estos elementos que usas, muchas veces rozas lo ridículo, lo absurdo, a veces la hilaridad, e inmediatamente introduces una reflexión acerca de ello. Te distancias del gag, lo aclaras al público y se produce en ti una cara de placer…
(Con cara de extrañado) ¿De placer? Bueno, siempre exagero… Sí, en cierto modo me interesa señalar algo más que la hilaridad en sí misma. Me es difícil hablar sobre aquello que es válido o me gusta. Normalmente tiene que ver con alterar un discurso que estás llevando a cabo, pero hacerlo de tal forma que la gente pueda seguirte. Es como coger una melodía popular y hacer alteraciones, pero que uno siga reconociendo la melodía. Creo que eso es lo que me atrae. Cualquiera que no empatice con esto, puede pensar que es como un delirio.

«Si te desnudas, tiene más peso que lo que vas a decir. Me hace gracia. Te desnudas y es como que pasa algo muy grave y a la vez es una estupidez»

Esa manera de aclararlo al público, ¿te surge por el público o por tu propia necesidad de expresión?
Surge por el público, pero también hay un punto de codificar algo que, de entrada, no lo estaba. Poner orden dentro de algo que aparentemente no tenía orden. Es lo que me gusta, quizás sea uno de los núcleos del trabajo. Sobre todo tiene mucho que ver con los cuerpos, es algo muy físico. Señalar un estado de cosas, de cuerpos, y hablar sobre él. Quizá sea una estupidez, pero el hecho de poder definir algo, por ejemplo, cómo está situada una pieza con respecto a la otra, la haces nacer al mundo. Mira, esto es así, tú lo has visto, yo también, entonces podemos seguir hablando sobre esto y entendernos sin utilizar un lugar común. Estamos hablando de una singularidad donde no hay referentes, ni simboliza nada, ni se refiere a un producto cultural, sino que simplemente es como comentar una escultura en términos de fuerzas. Y comentarlo con un lenguaje no emocional ni de sentimientos, sino de sensación. Ese terreno siempre me ha atraído, no se habla de emociones profundas ni de metáforas existenciales. De hecho, los programas televisivos intelectuales, o de humor, como Muchachada Nui, no los veo.

¿Y eso?
Porque te exige. Se supone que es algo muy bueno, muy trabajado, que hay que verlo con todo el cuerpo. En cambio, yo concibo la tele como un estanque, que no esté lleno de roturas y de quiebros, sino que sea aburrido. Te genera un estado de consciencia que es agradable, en cambio lo otro te exige demasiada atención. Tú ya lo vas a buscar eso, y lo tomas como en cápsulas. Pero en la tele, es un descanso ver un anuncio cuyo código está muy claro. Todo lo que hago parte de estas cosas, de este gran consenso. Para mi es necesario, no se me ocurriría decir que voy contra él.

"Nos gusta la cultura baja y estúpida, pero realmente no es una cuestión de condescendencia, es una cuestión de alimentación. La necesitas porque te has construido a través de ella.". Foto: Wladimir Cossio.

«Nos gusta la cultura baja y estúpida, pero realmente no es una cuestión de condescendencia, es una cuestión de alimentación. La necesitas porque te has construido a través de ella.». Foto: © Wladimir Cossio.

En cambio, la gente acaba acudiendo a tus espectáculos…
Yo no soy ese perfil de consumidor que va a ver cosas raras. Prefiero ir a ver a Raphael, ya sabes cómo es Raphael, el mito de Raphael, la coña. No te pueden defraudar porque es Raphael, ya está todo dado, no tiene que ocurrir nada. Ahí está Raphael, bailando, mira la gente. Y ya está. O ir a ver a Anthony Blake. Hay una predisposición a productos considerados basura. Al final bebe mucho de eso. Hay una complementariedad que siempre se toma como a la ligera. Ah, nos gusta la cultura baja y estúpida, pero realmente no es una cuestión de condescendencia, es una cuestión de alimentación. La necesitas porque te has construido a través de ella.

Entonces, ¿te identificas con la etiqueta de post- humor?
Bueno, eso es un artículo que escribió Jordi Costa, quien acuñó el término post-humor. A mí me parece bien, su tesis es que es un humor que no busca hacer reír, que ha evacuado el núcleo de la risa, que de repente es incómodo pero sigue siendo humor. Pero yo trato de huir del tema humor porque intento diferenciarme de los humoristas. Cuando dices que eres humorista se articula hacia un tipo de persona y un tipo de actitud ante la vida y ante la otra gente que no es la mía. Al menos la que yo percibo en la gente cuando dices que eres un humorista: ¡ah! Coño, eres un vitalista. Como una persona que intenta verle el lado bueno a las cosas. Intento mantener una distancia, aunque luego el resultado sea humor.

«No soy ese perfil de consumidor que va a ver cosas raras. Prefiero ir a ver a Raphael, ya sabes cómo es Raphael, el mito de Raphael, la coña. No te pueden defraudar porque es Raphael»

¿Con quién te identificas, entonces?
En este sentido me identifico más con Canódromo Abandonado. Ellos, al principio, llevaban una especie de sótano de comedia en Madrid donde invitaban a la gente a hacer sus monólogos. Y con el tiempo se han distanciado de la vena cómica, y creo que tiene que ver con esta especie de imperativo de hacer reír. Algo que se activa cuando dices que eres humorista. Y Canódromo Abandonado han seguido haciendo sus cosas, pero yo creo que se han situado más al lado del pensamiento que del humor, aunque sea estético. Lo llevan más al extremo que yo, yo soy más graciosillo, más populista. No buscan un lugar común, es bastante privativo. Hay gente a la que no le va a interesar. En cambio, hay otra que sí entra en el juego. Es una cuestión de dónde distribuyes el deseo.

En este nivel de autenticidad personal, ¿cómo es ganarse la vida expresándote a ti mismo? ¿Has llegado al nivel de autocensura?
Hay una parte de obligación y de cumplir que no puedes eludir ya que es una actividad económica. La verdad es que es una suerte, mi deseo coincide con el público, pero no sé si en un momento la gente va a dejar de estar interesada. Y con los libros igual, todo se basa en que se venda. Hay una parte que dependes un poco de que te compren, a mi me interesa. Prefiero esto a trabajar en una oficina. Pero si se acaba, se acaba. Si llego a la gente también es por los intermediarios: la editorial con los libros, el teatro… No se debe puramente al contenido, sino también a una estrategia de la industria. Hasta ahora se ha compatibilizado muy bien lo que le atrae a la gente y lo que me atrae a mí, se puede decir que no he hecho concesiones. Algo más críptico o minoritario, de alguna forma, a mí también me aburre.

¿Qué obsesiones tiene Miguel Noguera con la gente mayor?
No es una obsesión, es una cuestión formal. Las obsesiones que tengo son más bien formas, hay cosas que me atraen, como los temas paranormales, no es importante para mí, solo me atraen las formas, la imaginería de las iglesias, el tema católico. Son motivos más parecidos a los que usa un pintor o un escultor. Es una obsesión formal. Formalmente se conjugan y cristalizan una serie de preocupaciones mías. Una obsesión lo veo más literario, grandes temas, más que las viejas, los curas, los alza-cuellos…

Y otra fijación, cuando escuchas a Iker Jijménez, ¿lo escuchas por puro placer?
He tenido mis fases con él, al principio hubo rechazo. Y con el tiempo, al final, he ido entendiendo a Iker y sus fascinaciones con el misterio aunque sean fraudes, da igual, el tío tira, y al final, te reconcilias con él. Y como son tantas horas de escucharlo, hay como afecto por él. Yo lo escucho porque el tema me obsesiona, estoy traicionándome ahora (risas). Siempre me ha gustado cuando aparece lo imposible y no es rastreable.

¿Qué estás preparando ahora?
Estoy preparando el tercer libro para Blackie Books. Es más condensado, no me apetece escribir, no me interesa regalarme tanto explicando. Es un formato más gráfico y no tan narrativo. Todavía tardaré pero estoy contento.