«La desigualdad late detrás de la inmigración»

Juan Diego Botto se estrena como autor en ‘Un trozo invisible de este mundo’, un montaje teatral construido sobre cinco monólogos que hablan de la emigración y el exilio. La obra, interpretada por él mismo y Astrid Jones, cuenta con la dirección de Sergio Peris Menchetta, en quien el escritor…

«La desigualdad late detrás de la inmigración»

Juan Diego Botto se estrena como autor en ‘Un trozo invisible de este mundo’, un montaje teatral construido sobre cinco monólogos que hablan de la emigración y el exilio. La obra, interpretada por él mismo y Astrid Jones, cuenta con la dirección de Sergio Peris Menchetta, en quien el escritor ha confiado para abordar estas historias, inspiradas en hechos reales.

Juan Diego Botto pasó por Valencia para presentar su obra 'Un trozo invisible de este mundo'. Foto: P. P. R.

Juan Diego Botto pasó por Valencia para presentar su obra ‘Un trozo invisible de este mundo’. Foto: P. P. R.

‘Arquímedes’, ‘Locutorio’, ‘Mujer’, ‘Turquito’ y ‘El privilegio de ser perro’ nacieron en las manos del actor Juan Diego Botto, de las historias que conoció en primera persona. Como la de Diego Fernando Botto, su padre, actor como él, y que desapareció con 28 años en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) tras su detención en 1977 durante la dictadura de Videla en Argentina. Este hecho marcó la vida del actor que, tras su salida del país cuando apenas tenía tres años, pasó a ser exiliado en Madrid junto a su hermana y su madre. Por este motivo, entre otros, Botto critica la existencia de los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), a los que compara con cárceles, y el excesivo celo a la posesión de papeles y lo que ello conlleva. La diferencia entre ciudadanos de primera y segunda.

‘Un trozo invisible de este mundo’ empezó en Madrid sin más pretensiones que mostrar un trozo de la realidad a un público discreto y ha terminado en una gira por toda España donde el cartel de «entradas agotadas» es una constante. Como en su reciente visita a Valencia a inicios de marzo, en el Espai La Rambleta.

Se habla de los CIE como cárceles. ¿Hay alguna alternativa a esos centros, si es que es necesario buscarla?
La finalidad de los CIE es tener localizado a un ser humano mientras estás tramitando su expulsión. No es difícil imaginar opciones a una cárcel. Porque lo que se está haciendo, que viene avalado por Europa y se hace en toda Europa, es encarcelar a personas que no han cometido delito alguno. La falta de posesión de documentos en regla no es un delito, es una falta administrativa. Y sin embargo, se les encarcela. Porque, de hecho, son cárceles. Tanto es así que muchos de ellos están ubicados en antiguas cárceles. Mucho peor, porque la normativa no está desarrollada y son limbos orgánicos donde cada jefe de institución de cada CIE regula según su parecer. Tienen muchos menos derechos que un preso. ¿Las alternativas? Exigir más trabajo a la policía para ubicarlos en caso de que tengan que expulsarlos, sobre todo teniendo en cuenta que, de las personas que pasan por CIE, el porcentaje de expulsados es muy bajo.

'Un trozo invisible de este mundo' es la primera obra como autor de Juan Diego Botto.

‘Un trozo invisible de este mundo’ es la primera obra como autor de Juan Diego Botto.

¿Y estas personas, dónde acaban?
Otra vez en la calle. Después de haber estado 60 o 90 días en la cárcel. Cuando no son expulsados es porque no debían haber sido puestos en un CIE en primer lugar. Es el juez el que determina… Con lo cual, las alternativas son esas. Por otra parte, tiene que ver con un cambio de vista sobre lo que es la inmigración en general. Yo tengo relación con una mujer que es muy contraria a los inmigrantes. Una señora mayor, de un barrio de Madrid, con la que tengo conversaciones de vez en cuando. Y hablé con ella para escribir la obra. Siempre me ha manifestado su punto de vista en contra de la inmigración. Pero, hace poco, su hija decidió irse a Londres a buscar trabajo. Me contestó que porque su hija se iba y no quería que la trataran como a una inmigrante. Me pareció que esta mujer empezaría cambiar su forma de ver a los inmigrantes. Porque, la próxima vez que se cruce con una pakistaní en el barrio de Lavapiés, seguramente pensará en su hija. Y es que España se está convirtiendo otra vez en un país de emigrantes.

«La desigualdad se sostiene en el hecho de que muy pocos tienen casi todo a costa de que la gran mayoría no tenga nada»

Y además, salimos de otra manera. Antes lo hacíamos con un contrato laboral, con posibilidad de trabajar, con ahorros… Y, ahora, es más a la aventura.
Sí, porque la crisis es global. Conviene que reflexionemos sobre qué significa la inmigración. Lo que hay detrás es una desigualdad económica, una falta de recursos. La desigualdad se sostiene en el hecho de que muy pocos tienen casi todo a costa de que la gran mayoría no tenga nada. Porque ninguno de los países de personas migrantes es pobre. España no es un país pobre. Bolivia, Ecuador… Son países donde hay una oligarquía que tiene muchísimo dinero. Países con muchos recursos, con muchas materias primas, donde casi todo el dinero está en muy pocas manos. Y eso es lo que late detrás de la inmigración. La desigualdad.

Actualmente, está marcha el juicio contra los responsables de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) por las desapariciones en Argentina. ¿Cómo va el proceso?
Bien. Es un proceso muy largo. Es un mega juicio de 70 acusados y muchísimos testigos. Es un proceso que se prolongará, yo creo, a lo largo de dos años. Han empezado por el 76 y está estimado que mi madre tenga que declarar en octubre o noviembre. Así que en ese momento llegarán al año 77… Y todo lo que queda. Pero el juicio está yendo muy bien. Hace poco tuvo que declarar Astiz (ex capitán de fragata), que es uno de los genocidas más importantes de la Escuela de Mecánica. Es prácticamente un milagro que una democracia pueda sentar en un banquillo a los responsables de una dictadura con un juicio ordinario. Y que las victimas puedan sentir esa reparación, es algo increíble.

Juan Diego Botto, en uno de los cinco mónologos de la obra. Foto: Javier Naval.

Juan Diego Botto, en uno de los cinco mónologos de la obra. Foto: Javier Naval.

Se cierra un capítulo…
Sí, sirve para cerrar una herida. Es algo con lo que yo había fantaseado toda la vida y nunca esperé que se fuera a dar.

Volviendo a España, ¿qué políticos necesitamos, si es que los necesitamos?
Sí, creo que es importante ser conscientes de que lo que necesitamos es a la política. La política pasa, fundamentalmente, por una mayor implicación de los ciudadanos en la cosa pública y no abandonando el hacernos cargo de cambiar el mundo en el que vivimos. Y eso depende de que los ciudadanos y ciudadanas tengamos una mayor implicación en la realidad. A partir de ahí condicionaremos a los políticos, que no son nadie más que individuos que deciden dedicarse por completo a esa tarea, para que tomen un camino u otro. Partiendo de la base de que vivimos en un mundo que glorifica el lucro por encima del bienestar de cualquier ser humano, a partir de ahí está todo desorganizado. El cambio sería de base, de raíz. Pero un cambio así es lento, complicado, es un proceso muy largo.

¿Cómo debería comenzar ese cambio en tu opinión?
La cosa no es sólo que cambiemos nuestra forma de ser individual, sino en exigir que aquellos que tienen de facto el poder para hacer las cosas distintas, lo hagan distinto. Requiere un cambio en la forma de consumir pero también una exigencia en un cambio en los elementos de poder. Realmente decide mucho más cómo funcionan las cosas y qué políticas se aplican Botín que tú… ¡O que yo! Él tiene línea directa con la elaboración de las leyes. Y eso lo hemos visto. Los casos de corrupción que han aflorado últimamente no son más que la imagen pornográfica de la sumisión de los poderes públicos a las grandes empresas.

«Los casos de corrupción que han aflorado últimamente no son más que la imagen pornográfica de la sumisión de los poderes públicos a las grandes empresas»

Y asumir, al tiempo, que debemos todos implicarnos más en política.
Lo que no podemos hacer es delegar ciegamente. Es como las elecciones. Este sistema es fraudulento. Qué tipo de contrato es ese en el que tú apoyas y escoges a un señor para haga un trabajo sobre un programa que él te promete y tú estás obligado a cumplir la ley y él no está obligado a cumplir esa promesa. Ese contrato firmado tácitamente. Y luego él tiene el impudor y la desvergüenza de decir que ha cumplido con su deber pero no con su palabra. Su palabra era su deber. Porque ha sido contratado y elegido para cumplir esa tarea. Fallar a eso es convertir a este sistema en fraudulento.

Todos esos cambios, si los deben hacer los mismos que ocupan un asiento en el Congreso, van a ser algo difícil.
No. Yo creo que los cambios o pasan por abajo o no pasan, actualmente. O pasan por la calle o no pasan.

«Creo, por el propio bien de los políticos profesionales, que ellos no van a cambiar sin una gigantesca presión popular»

¿Y cómo, si todo está confeccionado para que sea al revés?
Bueno, nadie pudo imaginar en 2011 que un dictador tan asentado como Ben Ali pudiera ser tumbado en Túnez de una forma tan rápida e inesperada. Nadie hubiera imaginado, empezando por Estados Unidos, que Hosni Mubarak (ex presidente de la República Árabe de Egipto), un dictador que llevaba 30 años en el poder con el que Estados Unidos y Europa tenía una excelentes relaciones, podía acaban cayendo en 11 días. Y no cayó sino por una desmesura de demandas populares. La presión popular puede hacer más de lo que pensamos. En Argentina, en diciembre de 2001, la gente tomó la Casa Rosada. Entraron en el Palacio Presidencial. El presidente tuvo que irse en helicóptero. A partir de ahí creo que hubo cinco presidentes en dos semanas. Y ganó Nestor Kirchner, que hizo un cambio de 180 grados con las políticas tradicionales de los últimos 20 años en Argentina. Rompió con el Fondo Monetario Internacional y cambió la política económica. En ese momento, Argentina creció un 7-8% al año. La gente tiene más poder del que cree…

¿Confías en alguien de dentro del Congreso de los Diputados en España?
No (afirma rápido). Bueno… Creo que no todos son iguales. A mí hay un diputado que me merece bastante confianza que es Alberto Garzón, un chaval muy joven, es economista, viene de la calle… Pero, en general, creo, por el propio bien de los políticos profesionales, que ellos no van a cambiar sin una gigantesca presión popular.