Lo más limpio, la basura

No hay materia prima más barata. Mientras unos se deshacen de ella, otros ven en su recogida y tratamiento una oportunidad de negocio. Y no siempre limpio. Ni ecológico. La gestión de los residuos se lleva un buen mordisco de las partidas presupuestarias de los ayuntamientos para acabar siendo un…

Lo más limpio, la basura

No hay materia prima más barata. Mientras unos se deshacen de ella, otros ven en su recogida y tratamiento una oportunidad de negocio. Y no siempre limpio. Ni ecológico. La gestión de los residuos se lleva un buen mordisco de las partidas presupuestarias de los ayuntamientos para acabar siendo un servicio que no beneficia a todos por igual.

Colectivos ecologistas advierten de que la mayor parte del plástico acaba quemándose en lugar de ser reciclado

Colectivos ecologistas advierten de que la mayor parte del plástico acaba
quemándose en lugar de ser reciclado

Según datos del Consejo Económico y Social, en la Comunitat Valenciana generamos 2.675.000 de toneladas de residuos, de los cuales 325.000 son sometidos a una recogida selectiva. Se hace a través de los Sistemas Integrados de Gestión (Ecoembes, Ecovidrio, Sigre…), entidades que se sostienen gracias a las aportaciones que reciben de las empresas asociadas. Esas empresas pagan porque sus envases incorporen el punto verde. Supuestamente con ese dinero se hace frente a los costes de recogida y clasificación de los residuos, que son recogidos por servicios municipales o empresas autorizadas.

Este sistema implica una serie de obligaciones. Un ayuntamiento, por ejemplo, debe suministrar envases limpios. A cambio, Ecoembes, que se encarga de las latas, plásticos, tetrabricks y cartones, paga un canon al consistorio por haber llevado a cabo una recogida selectiva. En este contexto, muchos hogares se han encontrado con que, además de la tradicional tasa de basura, desde hace unos años tienen que pagar una nueva tasa que, según argumentan diversos consorcios, se destina al “tratamiento y valorización de los residuos con el fin de eliminar su rechazo”. Para Carlos Arribas, portavoz de Ecologistas en Acción, realmente, esto supone pagar dos veces por lo mismo, “si la selección está bien hecha, el ayuntamiento ya va a cobrar un canon por parte de Ecoembes”.

Muchas veces se justifica esta tasa con la búsqueda de una mayor responsabilidad por parte del ciudadano: para visibilizar lo que cuesta tratar nuestros desperdicios. Dicho de otro modo, no somos suficientemente diligentes, pagamos porque no separamos bien la basura y eso hace que los ayuntamientos tengan que habilitar sistemas para “corregir” nuestros errores. Aún así, Arribas explica que plantas “como la de Alzira o Benidorm -de titularidad pública y creadas para clasificar los residuos de envases ligeros- no pueden llegar a separar todos los plásticos que se mezclan en el contenedor amarillo. Hay muchos tipos y la mayoría acaban quemándose. Lo que más se recupera del contenedor amarillo son los metales y los briks”.

El ‘marrón’, para los ayuntamientos

El punto verde indica que la empresa ha pagado por cada envase.

El punto verde indica que la empresa ha pagado por cada envase.

“El ciudadano acaba siendo el pagano de todo” y, a pesar del afán recaudatorio de la administración en el actual contexto, Carlos Arribas asegura que “los ayuntamientos tienen un ‘marrón’ increíble». «Las empresas pagan por poner su envase en el mercado y ya han cumplido. Una vez el producto ha salido, se desentienden totalmente. El muerto se lo queda el ayuntamiento, porque el envase, el residuo, se queda”.

La apuesta del colectivo ecologista pasa por el sistema de retorno, muy frecuente y eficaz en otros países europeos. Es el sistema de nuestras antiguas gaseosas, por el que el cliente paga una señal en depósito por llevarse un envase, cantidad que le es devuelta cuando retorna el envase tras consumir el producto. Esto hace responsable a toda la cadena, la empresa, el supermercado y el consumidor. “En Alemania, sostiene Arribas, se recupera el 90% de los envases e, incluso, hay gente que ingresa algo porque recupera botellas de la calle que otros han dejado”.

«Un desastre”

“El tratamiento de la basura en la Comunitat Valenciana es un auténtico desastre, un fraude, porque la recuperación es mínima, el porcentaje de compost que se obtiene es ridículo”. Es la valoración de Ecologistas en Acción basándose en los datos del Consejo Económico y Social que arroja un balance global “escandoloso”. Según este estudio, el 76% de los residuos va al vertedero (las directivas al respecto señalan que no deberían superar el 44%) y sólo el 11% acaba convirtiéndose en compost. Del total de la basura, el 12% se recoge de forma selectiva. Y al final, se recicla un 23% de nuestros residuos.

Lo que está claro es que la basura es un problema. En junio del año pasado se filtró en los medios un estudio que advertía que en 2020 los vertederos valencianos estarán colapsados. Los ya saturados obligan a trasladar la basura a otras provincias con lo que aceleran el colapso de los vecinos. Las denuncias por olores y molestias están a la orden del día. “Ahora se está apostando por la incineración en cementeras con lo cual se pervierte la jerarquía en el tratamiento de basuras”, denuncia el ecologista. Esa jerarquía establece un orden de prioridades:

1. Prevención, es decir, tratar de reducir la cantidad de residuos.
2. Reutilización.
3. Reciclaje, recuperación de materiales para su reintroducción en la fase de producción.
4. Aprovechamiento energético (por ejemplo, utilización de residuos como combustible).
5. Eliminación.

En la Comunitat Valenciana había intención de construir tres grandes plantas incineradoras con el objetivo de quemar basura y obtener energía, que sería renovable. Pero “el gobierno eliminó las primas a las energías renovables por presión de las eléctricas y eso resta rentabilidad económica a esas incineradoras, con lo cual la iniciativa privada ha perdido interés”. Ahora la basura entra por la puerta de atrás a las cementeras.

Haciendo negocio de la basura

La situación resulta paradójica. Lo que unos desechan se convierte en objeto de deseo para otros. Ya son varios los escándalos relacionados con la basura destapados por la prensa e investigados por jueces, empresarios que andan a la brega por conseguir contratas millonarias o supuestas adjudicaciones irregulares. El caso es que se trata de un negocio que genera ganancias sustanciosas, pues la gestión de los residuos supone la mayor partida presupuestaria de un consistorio y los contratos se suelen prolongar durante varias legislaturas.

«El tratamiento de la basura en la Comunitat Valenciana es un auténtico desastre, un fraude, porque la recuperación es mínima, el porcentaje de compost que se obtiene es ridículo»

Para hacernos una idea de la magnitud de estas adjudicaciones sólo hay que atender a su precio en las tres capitales de provincia: En Castelló de la Plana la recogida de residuos y limpieza viaria se adjudicó provisionalmente en 2011 mediante un contrato de 209 millones de euros y una duración de 15 años. En Valencia el contrato se firmó en 2005 y será válido durante 15 años. La recogida de basura costará 810 millones de euros. Por último, el Ayuntamiento de Alicante acaba de sacar a concurso una nueva contrata por un precio de 435 millones y que seguirá vigente durante 12 años.

Las cifras marean y muchas veces bailan, no sólo las económicas, también las cantidades de basura que generamos son diferentes dependiendo de la fuente de información. Lo que parece claro es que, al reducir el consumo, reducimos los desperdicios. Es un dato positivo que cabe destacar y potenciar. Otro dato, según el portavoz de Ecologistas en Acción, es que “la recogida selectiva hecha por el ciudadano en origen es más eficiente que la realizada por las plantas. Por mal que funcione el sistema hay que seguir incentivando el uso de los diferentes contenedores porque una mínima parte sí se recicla”.