El neandertal frente al espejo

Solos en el mundo. Así nos quedamos cuando los últimos neandertales desaparecieron. Fabricaban utensilios, empleaban símbolos, enterraban a sus muertos, hablaban. Como nosotros. Durante 10.000 años coexistimos. Hubo hibridación. La revolución genética y los hallazgos arqueológicos, en los que la Península Ibérica es un punto caliente, van iluminando los rincones…

El neandertal frente al espejo

Solos en el mundo. Así nos quedamos cuando los últimos neandertales desaparecieron. Fabricaban utensilios, empleaban símbolos, enterraban a sus muertos, hablaban. Como nosotros. Durante 10.000 años coexistimos. Hubo hibridación. La revolución genética y los hallazgos arqueológicos, en los que la Península Ibérica es un punto caliente, van iluminando los rincones oscuros. Cada vez sabemos más sobre ellos, sobre nosotros.

Reconstrucción de un hombre neandertal. Foto: Fuzzyraptor.

Reconstrucción de un hombre neandertal. Foto: Fuzzyraptor.

Lo común en la naturaleza es que toda especie forme parte de un grupo de especies similares. Hace 40.000 años, cuando llegaron a Europa procedentes de África los primeros representantes de nuestra especie, los cromañones, se encontraron con otros homínidos. El primer impacto visual debió de ser tremendo. La morfología de los neandertales contrasta con la de nuestros antepasados, todavía de tez oscura por su origen africano. De piel clara, el pelo podía ser rojizo o rubio, los arcos supraorbitarios de los neandertales ensombrecen sus cuencas oculares, la frente no sube en vertical, sino que se inclina hacia atrás, lo que proyecta un rostro cuneiforme, de apariencia aerodinámica, marcado por una nariz grande y ancha. La mandíbula, en retroceso, carece de mentón. Los huesos son más compactos, preparados para soportar una gran masa muscular; de arquitectura cilíndrica, caderas anchas y extremidades cortas. De menor estatura que nosotros pero más fuertes y robustos. Y con una capacidad craneal similar a la nuestra.

Evolucionaron en el continente europeo hace 250.000 años y salieron para poblar el Asia Central y el Oriente Próximo hasta que hace unos 30.000 años se disolvieron en la noche de los tiempos. Una minúscula parte de ellos queda en el ADN de los actuales europeos. Es decir, existieron relaciones sexuales y descendencia entre cromañones y neandertales, aunque a muy pequeña escala. Este dato, que salió a la luz a finales de 2010 tras la secuenciación de buena parte del genoma neandertal, constituye un cambio de paradigma. Y, desde luego, ha ayudado a desterrar la imagen peyorativa que arrastraba el Homo neanderthalensis. Hasta hace poco estaba considerado poco más que una bestia más cercana a los primates que a nosotros, tanto en su aspecto físico como cognitivo. Pero su humanidad es incuestionable.

El gen FOXP2

En este cambio de imagen tuvo mucho que ver el trabajo de Carles Lalueza-Fox, reconocido especialista en ADN antiguo, con los restos óseos del yacimiento de El Sidrón (Asturias), uno de los enclaves que más interrogantes ha desvelado en los últimos tiempos sobre los neandertales. El biólogo barcelonés localizó en 2007 el gen FOXP2, relacionado con el lenguaje humano. Otro prejuicio a la basura. No emitían gruñidos. En ‘Genes de neandertal’ Lalueza explica que, desde la perspectiva fisiológica o morfológica, “las interconexiones neuronales presentes durante el desarrollo embrionario indican que el lenguaje, la lateralidad y la asimetría cerebral están evolutivamente conectadas (…) Si ya existía lateralidad entre los neandertales, la deducción lógica es que ya debían tener lenguaje”.

«Tienen comportamientos que implican lenguaje, como estrategias en la caza, rituales funerarios, uso del fuego, tecnología, ofrendas, capacidad simbólica y conciencia del yo»

El catedrático de Prehistoria de la Universitat de València Valentín Villaverde se apoya en la investigación arqueológica de las habilidades neandertales para desentrañar la incógnita del habla. “Tienen comportamientos que implican lenguaje, como estrategias y matanzas selectivas y planificadas en la caza, rituales funerarios, uso del fuego, tecnología, ofrendas, capacidad simbólica y conciencia del yo”. El simbolismo de los neandertales ha sido uno de los grandes interrogantes. “Su mundo simbólico es mucho más reducido que el de los humanos modernos. Las pruebas arqueológicas son más reducidas. La cuestión es explicar porqué, puede ser porque tenían una capacidad cognitiva diferente o por una diferente situación histórica”, se pregunta el profesor.

Juan Luis Arsuaga, paleontólogo y codirector de las excavaciones de Atapuerca, sostiene en el exitoso libro de divulgación ‘El collar del neandertal’ que la creatividad fue la “hiperespecialización” del Homo sapiens. “Los neandertales simplemente llegaron más lejos que sus antepasados de la Sima de los Huesos –uno de los yacimientos de Atapuerca- en sus mismas capacidades cognitivas y de comunicación, ya de por sí muy avanzadas, pero no desarrollaron, como sí hicimos nosotros, un sistema revolucionario de transmitir la información”.

Excavando restos de neandertales de la cueva de El Sidrón. Foto: Universidad de Oviedo.

Excavando restos de neandertales de la cueva de El Sidrón. Foto: Universidad de Oviedo.

Villaverde afina la punta del lápiz y resalta la influencia de la baja demografía de los neandertales en el desarrollo de su capacidad para transmitir conocimientos. También contempla este hecho dentro de las posibles causas de su extinción. En general, las economías de los cazadores y recolectores generan muy poca densidad de población, ya que no pueden permitirse tener más de una cría al mismo tiempo. Es una vida dura, en continuo movimiento. La Europa del Pleistoceno alternó glaciaciones con periodos interglaciares más templados. Esto provocó aislamientos por las barreras de hielo en algunos momentos y episodios de extinción local entre los neandertales.

“Son inteligentes en la forma de explotar recursos y materias primas, poseen una tremenda capacidad de adaptación, que es sintomática de inteligencia, pero la capacidad de inventiva es acumulativa y demográfica, a mayor número de gente más capacidad de inventiva y de transmisión del saber”, explica el investigador de la UV. No obstante, apunta: “Los últimos neandertales cambiaron, tecnológica y tipológicamente. Se producen innovaciones. Si no hubieran irrumpido los humanos, hubieran generado una evolución distinta. Pero llega una subespecie nueva que se impone y eso trunca el proceso de desarrollo cultural”.

La primera secuencia «completa» de un neandertal

Hace unos días el Instituto Max Plank de Antropología Evolutiva publicó, con cierta polémica, la primera secuencia “completa” de un neandertal, cuyos restos se encontraron en Siberia. Una vez analizados los datos se conocerán todos los genes que compartimos con los neandertales y los rasgos exclusivos que posee nuestra especie. “Conocer a los neandertales enriquece la visión del proceso evolutivo humano”, apunta Villaverde. “Hemos partido siempre de la idea de que estamos solos en el planeta, los neandertales nos dicen que ha habido etapas en las que han coexistido distintas especies de homínidos y que esto ha sido lo común”.

Nuestro tiempo de soledad en el mundo es efímero en comparación con las escalas evolutivas que se manejan. Para responder al quiénes somos, la paleoantropología nos sugiere un desplazamiento teórico: dejar de considerarnos el epicentro del mundo. Nuestra imagen reflejada en un espejo no es sólo el Homo sapiens, es el resultado de un proceso evolutivo muy largo, en el que aparecen rasgos que compartimos con otras especies. Algunos de ellos tan evidentes y humanos que ignorarlos nos lleva a deformar nuestro verdadero ser. Conviene cambiar el punto de vista para encontrar al neandertal frente al espejo.