«España está más cerca de ser ‘Jodidonia'»

Sigue dibujando con lápiz y rotulador, aunque las nuevas tecnologías han acogido efusivamente a sus viñetas y vídeos. Aleix Saló se apea unos minutos de las redes sociales para presentar su nuevo libro, ‘Europesadilla’. Una fábula ilustrada sobre la construcción de la Unión Europea y su identidad. Tema sesudo para…

«España está más cerca de ser ‘Jodidonia'»

Sigue dibujando con lápiz y rotulador, aunque las nuevas tecnologías han acogido efusivamente a sus viñetas y vídeos. Aleix Saló se apea unos minutos de las redes sociales para presentar su nuevo libro, ‘Europesadilla’. Una fábula ilustrada sobre la construcción de la Unión Europea y su identidad. Tema sesudo para el que se ha documentado concienzudamente.

Aleix Saló es autor de 'Europesadilla', 'Simiocracia' y 'Españistán', tres auténticos fenómenos en las librerías y en la red. Foto: P. P. R.

Aleix Saló es autor de ‘Europesadilla’, ‘Simiocracia’ y ‘Españistán’, tres auténticos fenómenos en las librerías y en la red. Foto: P. P. R.

«Europa fue hasta la Edad Media el Tercer Mundo respecto a Oriente». Claro, conciso y directo. El viñetista Aleix Saló (Ripollet, 1983) parece proponernos en su último libro una bofetada de humildad europea. ‘Europesadilla. Alguien se ha comido a la clase media’, editada por DeBolsillo, es una obra más encaminada al ensayo ilustrado y divulgativo que al cómic al uso, como nota al lector que le gusta conocer la etiqueta antes de comprar.

Atrás parece haber quedado ‘Españístan, ese país de pandereta’. Ahora entra en escena una nueva figura, que nada bueno hace presagiar: ‘Jodidonia’. Un país que en apariencia lo tenía todo para ser económicamente solvente, pero que acaba entrando en crisis por culpa de unas élites vampirizantes que, instaladas en sus cúpulas de poder, optan por repartirse el pastel y matar de hambre y deudas al resto de mortales.

¿Dirías que estamos más cerca de ser ‘Jodidonia’ que ‘Españistán’?
Pues mira, ahí estaba un poco la intención de incluir el papel de este país ficticio de ‘Jodidonia’, un país jodido, para encontrar el paralelismo con la situación actual. Un país sujeto a unas élites que tienden a monopolizar el acceso a los recursos, que no los redistribuyen, y que todos sus actos van encaminados a perpetuarse en el poder. Suelen ser países que tienen mucho más difícil progresar, porque cuando hay poco pastel a repartir se tiende a quedar en pocas manos. En ese sentido, sí que creo que estamos más cerca de ser ‘Jodidonia’, cosa que no tiene por qué ser mala…

¿No?
A veces tocar fondo es una forma de deshacerse del equipaje innecesario.

Y además, debemos tener claro que no volveremos a lo anterior…
Es que no sería bueno volver a lo de antes. Lo de antes fue producto de un contexto muy excepcional. Es decir, para mí la normalidad no fue la burbuja inmobiliaria, sino lo que estamos viviendo ahora. Y lo digo con todo el optimismo. Es decir, se trata quizás de que aprendamos a vivir con otras reglas de juego que, al final, tampoco son tan distintas. Porque el cambio del mundo laboral ya se estaba dando desde los años 90. Yo hablo constantemente de globalización, porque es eso lo que está cambiando las reglas de juego. Es lo que está obligando a que compitamos con empresas del extranjero, a que el propio Estado gaste lo mismo que lo que ingresa, incluso a que las propias familias se tengan que readaptar a un escenario completamente nuevo. Eso es duro, pero a la vez la globalización nos ha traído muchos avances sin los cuales ahora no podríamos vivir. La globalización es un proceso de dimensiones estratosféricas que se puede comparar, salvando las distancias, con la revolución industrial. Son procesos que son imparables. Y tú, la única opción que tienes es adaptarte o no.

«La normalidad no fue la burbuja inmobiliaria, sino lo que estamos viviendo ahora. Y lo digo con todo el optimismo»

Has escogido un tema sesudo: el origen de Europa y su identidad. ¿Cuál ha sido el proceso de documentación?
He partido de mi habitual rutina de prensa, en este caso la económica. Creo que la prensa económica extranjera, como ‘The Economist’ o ‘Financial Times’, suele ser mucho más útil para conocer lo que ocurre aquí, paradójicamente. Pero, aparte de eso, he tenido asesoramiento de amigos historiadores, politólogos y economistas. Viajé a Bruselas para entrevistarme con parlamentarios y con funcionarios de la Comisión Europea. Os reecomiendo ‘La antigüedad tardía’, de Peter Brown, y ‘Por qué fracasan los países’, de James Robinson y Daron Acemoglu. En todo caso, el libro es un batiburrillo en el que la mayoría de hechos son datos seguramente ya conocidos por el lector, que yo intento presentar de una forma novedosa y relacionarlos para que saque conclusiones distintas o renovadas.

Como poner a la misma escala las pirámides de Giza con el Stonehenge.
Eso a uno le hace ver con bastante perspectiva qué era Europa en el mundo en ese momento, y qué continuó siendo hasta la Edad Media, que es nada más y nada menos que el Tercer Mundo respecto a Oriente. Y así fue durante muchos siglos. Eso vuelve a estar de actualidad, porque la globalización, si algo ha permitido, es que Asia vuelva a competir en igualdad de condiciones con Occidente.

¿Has temido alguna pregunta sobre economía que no pudieras responder?
No, no las temo. Yo parto de la ignorancia y eso intento dejarlo claro. Quizá uno de los puntos a favor que yo puedo aportar es que mi punto de vista se parece más al del público en general. Mis explicaciones suelen ser con un lenguaje más cercano al gran público, por pura limitación mía. Yo no pretendo competir con grandes ensayistas, al contrario, acabo haciendo un poco de puente de esa primera liga de grandes ensayistas y mundo académico.

Aunque la crisis nos ha hecho ponernos las pilas a todos sobre temas económicos.
Sí, desafortunadamente. A veces, el ‘laissez faire’ [dejar hacer] puede ser una posición muy cómoda pero a la vez muy peligrosa, porque nos pone en manos de las decisiones de otros. Está bien ese punto de desconfianza que tenían nuestras abuelas. El «por si acaso no te fíes», «ahorra»… Eso era resultado de pura supervivencia. Nosotros estamos volviendo a eso.

«Mis explicaciones suelen ser con un lenguaje más cercano al gran público, por pura limitación mía. Yo no pretendo competir con grandes ensayistas, al contrario»

¿Y los medios qué papel juegan en este nuevo escenario? ¿Crees que obviaban esos temas?
Los obviaban en tanto en que los obviaba todo el mundo. Cuando las cosas van bien, nadie para atención a ellas. Cuando el servicio de metro va bien, nadie habla de ello, por ponerte un ejemplo. Los medios tienen ahora un deber muy importante que es llenar el vacío que desgraciadamente ha dejado la política. La política, aún contando con una herramienta muy necesaria como es la comunicación, que podría explotar para acercarse al electorado y explicar con honestidad, sensatez y honradez lo que está ocurriendo, tiende a lo contrario. Tiende a huir, a opacarse, a hacerse cada vez menos transparente… Lo estamos viendo con estas ruedas de prensa con pantalla de plasma que son completamente ridículas y que lo único que hacen es dejaros aún más en evidencia. Están dejando perder, para mí, una herramienta fundamental que en Estados Unidos saben utilizar muy bien, que es la comunicación. Aquí, este vacío lo han llenado los medios, aunque también tienen sus tabús.

Aleix Saló mantiene el trazo con rotulador. Foto: P. P. R.

Aleix Saló mantiene el trazo con rotulador. Foto: P. P. R.

La transición democrática en Cataluña, por ejemplo, fue un momento de esplendor para la prensa satírica. ¿Estamos ante un escenario similar?
Cuando el panorama está más negro suele coincidir. Esa necesidad de enfrentarse a esta peste negra se dispara. En este sentido, la sátira suele ser un canal muy útil para sacar hierro a esta gravedad constante. Estamos viviendo otra época dorada de la sátira, hecha a veces con muy pocos medios.

¿Y la crisis de la prensa en papel ha afectado al viñetista?
Muchísimo. No sé si decirte que fue una desgracia o una suerte que, al pertenecer a la última generación que se introdujo en los medios, a nosotros la precariedad laboral nos tocó en plena bonanza. En el momento en el que había muchos gratuitos y periódicos nuevos, la precariedad ya estaba insertada en las capas más jóvenes de las plantillas. Eso en mi caso me llevó a buscar vías alternativas. Yo aspiraba a ser una especie de Forges o de El Roto, con mi viñeta diaria en una cabecera más o menos generalista. Pero me pidieron que hiciera la cola y ese fue el momento en el que di el salto al sector editorial. Porque aunque siendo mucho más volátil y arriesgado, era un terreno con menos obstáculos. Mucho más virgen y abierto a experimentar.

¿Se puede satirizar todo?
Sí, otra cosa son las consecuencias de satirizarlo todo. Al final, la sátira es como cualquier chiste. Puede ser muy bienvenido pero, en según qué ámbitos te puede traer muchos problemas. En la sátira hay que tener sentido de la oportunidad y del contexto en el que uno pública y con el tema que trata.

«Aspiraba a ser una especie de Forges o El Roto, con mi viñeta diaria en una cabecera más o menos generalista. Pero me pidieron que hiciera la cola y fue el momento en el que di el salto editorial»

¿Alguna viñeta que te hayas autocensurado?
(Piensa) Pues, no muchas… Digamos que uno cuando ya genera su propio trabajo, sea columnista, fotógrafo…, ya va generando un instinto de lo que es posible publicar. Entonces, tu creación ya se enfoca hacia allí. Si hablas de la vida sexual de directores de periódico como el del tuyo propio, está claro que vas a durar poco. No existen unas reglas muy marcadas, sino que uno va haciendo su propio camino.

¿Ratzinger tuvo su parodia, has pensado ya en la del Papa Paco?
Sí, el Papa Paco tiene chicha… (Sonríe). Y tiene pinta de que va a durar tiempo, y más aquí que parece que la Iglesia vuelve a estar de actualidad.