“La realidad se denuncia a sí misma”



Agita consciencias, tensa las contradicciones y dibuja muecas de sátira. El ilustrador Miguel Brieva inspecciona las aberraciones del género humano inmerso en el capitalismo salvaje. Hay un antes y un después de palpar su trabajo. ‘Dinero’, ‘Bienvenido al Mundo’, ‘Memorias de la Tierra’ y ‘Obras Incompletas’ son algunas de sus…

“La realidad se denuncia a sí misma”

Agita consciencias, tensa las contradicciones y dibuja muecas de sátira. El ilustrador Miguel Brieva inspecciona las aberraciones del género humano inmerso en el capitalismo salvaje. Hay un antes y un después de palpar su trabajo. ‘Dinero’, ‘Bienvenido al Mundo’, ‘Memorias de la Tierra’ y ‘Obras Incompletas’ son algunas de sus publicaciones autoeditadas bajo el sello Clismón.

"El humor, mediante el giro o cortocircuito, une regiones del cerebro que antes no estaban conectadas". Ilustración: Wladimir Cossio.

«El humor, mediante el giro o cortocircuito, une regiones del cerebro que antes no estaban conectadas». Ilustración: Wladimir Cossio.

¿En qué momento empezaste a combinar el dibujo y el humor con un pensamiento reflexivo que ahora conforman tu propio sello?
La mayoría de los dibujantes trabajan con un cuadernito y van apuntando cosas. Yo no soy un dibujante compulsivo. Para mi el dibujo tiene una función práctica, es contar una idea de un modo sencillo y directo. Me interesa el dibujo como herramienta para apresar una idea. Me gusta más trabajar el dibujo y texto como una misma cosa. Los humoristas gráficos logran lo mismo que un ensayista con cinco páginas.

¿Eres consciente de que una viñeta tuya dice más que un simposio de filosofía?
El humor, mediante el giro o cortocircuito que produce, consigue unir regiones del cerebro que antes no estaban conectadas. La sorpresa de asociación de conceptos es un atajo, es más ameno que la argumentación al uso. La filosofía tiene una terminología que requiere mucho esfuerzo argumentativo.

Y llega más al público…
Los buenos profesores de filosofía lo logran. La filosofía también tiene su propia dinámica y terminología. En mi caso, trato de entender ciertas cosas. Aunque tenga la forma de viñeta o gag, de manera consciente o inconscientemente intento explicarme las cosas. Hay una voluntad de entender y transmitir.

¿Cuáles han sido tus referentes?
Mucha gente. A nivel de pensamiento, ahora mismo Iván Illich me ha volado la cabeza. Cuando era más chaval, a mi me ayudó mucho leer a Agustín García Calvo, Ferlosio, Carlos Fernández Líria o Santiago Alba Rico. Al final tienes una influencia de lado. A nivel de dibujo: el Roto y Robert Crumb, representante del cómic underground, muy sarcástico y crítico con la cultura de masas. Y muchos otros dibujantes.

«La sorpresa de asociación de conceptos es un atajo más ameno que la argumentación al uso»

Tus viñetas son de una elaboración detallista y minuciosa ¿qué método empleas para llevarlos a cabo?
En la Facultad nos obsesionaba a todos tener un estilo, y cuando llegas a él, que es algo que va sucediendo poco a poco, es una combinación de gustos y también limitaciones, en buena medida. Y luego pasan los meses y los años y al final el estilo es un sambenito. Al principio, tengo en mente, lo que quiero dibujar, y al final sale lo que soy capaz de hacer. Es muy difícil lograr lo que intuyes que puedes hacer, sobre todo si tienes en mente a otros dibujantes a los que admiras. En ese quedarse corto siempre está el ir aprendiendo.

Qué exigente…
No es exigencia, es autoconsciencia. Creo que siempre se puede hacer algo mejor y más interesante. Soy muy de la escuela del cómic tradicional, del detalle. De niño me gustaba recrearme con los álbumes. A veces, el detalle camufla, es como la hojarasca, pero a veces es un recurso potente. Ahora se ha aceptado como posible una paleta de dibujo mucho más grande que antiguamente. A mí me sigue atrayendo el dibujo con cierta consistencia.

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¿Cómo vives el proceso creativo de poner el dedo en la llaga en las fallas del sistema? ¿Es para ti algo catártico o en cambio te obsesiona aún más la idea de un cataclismo mundial?
Es una obsesión previa, es un acto purgativo, o de vudú, o de ajuste de cuentas con la realidad. Antes está el desasosiego producido por un mundo absurdo. Acaba manifestándose en la manera de trabajar, hasta tal punto que, a veces, procuro darme espacio sobre otros temas. En ocasiones, lo que haces sin tener un objetivo previo es lo que más eficazmente habla sobre ello. Paradójicamente, el llamado arte social o político está tan obsesionado con la denuncia que pierde un poco de arte.

En la vida práctica, ¿miras con lupa lo que consumes?
Trato de hacerlo. El truco es consumir lo menos posible. En una ciudad como Madrid, hacer un consumo ético tal y como funciona la globalización es un poco utópico. Lo más sano es contenerse. En mi caso, no tengo hipoteca, no tengo móvil, ni coche. Cuando he ganado dinero, lo he ahorrado, y ahora me permite estar tranquilo. Es como comprar mi tiempo. En el momento en que trabajas tres meses, tienes la tendencia de compensar y gastártelo, y entras en la rueda de tener dinero para gastarlo. Es una manera de no entrar en el tema de las hipotecas o de la deuda. No atarse las manos por años y años.

«El llamado arte social o político está tan obsesionado con la denuncia que pierde un poco de arte»

En una entrevista que ofreciste para el periódico Diagonal, te preguntan si hay alguna esperanza para salir de la adicción al consumismo atroz. Tú recurres a la voluntad ¿qué filosofía se acercaría más a la voluntad que tienes en mente?
Es recuperar la posibilidad de ser libres. De algún modo, esta sociedad genera la apariencia de la libertad. Actualmente vivimos en un bloqueo psíquico. Es una especie de droga. Somos unos yonquis del consumo material y simbólico, o de la diversión y el entretenimiento. Todo acto que sea resistirse a eso, es un acto de voluntad, a diferencia de ‘me compro el coche rojo o azul’, que es un acto de un drogadicto.

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Parece que hay un adicto que necesita su dosis periódicamente y que la define en base a su identidad. Necesitamos aferrarnos a las cosas materiales para definirnos, entonces, la estrategia parece que es más profunda, porque apela a lo que uno quiere ser.
Yo al final le diría a un chavalito que se quiere tatuar algo que, si quiere ser subversivo, que piense, porque es lo único subversivo que puedes hacer. Además es algo estudiado, que la contracultura o el underground son reapropiados por el sistema. Al final, esos últimos refugios que uno tenía frente a la cultura de masas también han sido absorbidos. El otro día Ecologistas en Acción llevaron a cabo la elección del peor anuncio del año, el de Campofrío, que hacen una campaña con humoristas apelando a lo emotivo. Era como coger el poema de amor más bonito y ponerle billetes pegados. Hay otro de Coca-Cola que es un canto a la revolución. Ahora mismo en la sociedad se están cociendo unos anhelos de cambios y hay un publicista joven al que le pagan, pongamos, 5.000 euros por ser creativo, y tiene la suficiente proximidad con la sociedad y la suficiente falta de escrúpulos como para hacerlo.

Conozco gente que estudió filosofía que, por hacerle los discursos al PP en Valencia, cobra 3.000 euros al mes…
En mi último libro, ‘Obras Incompletas de Doplazié’, hay un poema que me gusta. Se llama ‘Himno del primer mundo’, dice algo así como: “que no podía evitarlo, me estaban encañonando por la espalda con dos millones de dólares…” Te haces mayor, te buscas la vida, quieres ser una persona de provecho y al final acabas siendo el tío que hace una campaña abominable de Coca-Cola. La propia estructura que perpetua este mundo se reapropia todos los mensajes. Es algo que te deja en desamparo. En el momento en que se genera una tendencia ya se convierte en el objetivo de una campaña de marketing. Y los jóvenes que buscan una identidad no tienen otra cosa. Para ser lo más revolucionario posible han de ser mormones con un suetercito. Al final lo más revolucionario sería ser una especie de adolescente mormón, metido en su casa, sin conectarse a Internet, leyendo a Hegel. Creo que hay que ir en paralelo a esta sociedad, vivir en otra dimensión, vivir un poco al margen.

«Vivimos en un bloqueo psíquico. Es una especie de droga. Somos unos yonquis del consumo»

En tus trabajos se plasma la erosión política y moral del sujeto debido al capitalismo atroz ¿crees que existe la posibilidad de un capitalismo más humano?
El sistema no existe, es etéreo, ‘¿dónde está el sistema, que voy y lo mato?’ Y cuando vas allí, ves a una persona que dice: ‘Hola soy un antidistrubio, hola soy un publicista, hola, soy un político loco’. Somos piezas en un engranaje. Puede suceder que, por actos de voluntad, haya gente que se salga de su engranaje. Reafirmo la parte humana que hay en mí y no como la máquina del engranaje. Tengo fe en esa capacidad, la de la voluntad de las personas. Un capitalismo más humano es un oxímoron. El capitalismo es una ecuación matemática, amoral, que pone en marcha una cosa: el crecimiento perpetuo, el consumo… es una inercia. Yo no creo en la sociedad de libre mercado pero sí en la sociedad de libre mercadillo, un mercado local. Es bueno el intercambio de mercancías a un nivel razonable. El problema es que, a determinado nivel, todo está sujeto a ese único vector. Es como meterse en un bólido e ir hacia un abismo. El capitalismo no es humanizable. Hay que cambiar muchos parámetros.

"Cuando he ganado dinero, lo he ahorrado, y ahora me permite estar tranquilo. Es como comprar mi tiempo". Foto: unblogsupuestamentedivertido.

«Cuando he ganado dinero, lo he ahorrado, y ahora me permite estar tranquilo. Es como comprar mi tiempo». Foto: unblogsupuestamentedivertido.

Si el capitalismo tiende a expropiar lo público y el socialismo lo privado ¿no hemos dado todavía con la balanza?
Lo que pasa es que todo se da en extremos y en términos de confrontaciones. No es lo mismo generar una sociedad socialista en estado de tranquilidad que en conflicto permanente. La historia de la humanidad es un caldo de cultivo convulso, es muy difícil encontrar el punto medio. Nunca se dan las circunstancias idóneas. Si toda la élite económica y política de este país dejaran a las asambleas del 15M tomar las decisiones sosegadamente y luego ratificarlas mediante referéndum, con la tecnología para hacerlo, seguro que en cinco años estábamos en otro modelo de sociedad. El problema es que nunca se van a dar esas circunstancias para hacer las cosas bien. Pero en términos teóricos es perfectamente factible. Yo creo que hay que coger lo bueno de cada cosa.

En todos de tus libros hay siempre alguna viñeta que concede lugar a lo paradójico de la existencia, a la magia intrínseca que ahí reside, ¿ves en el fondo algo conciliador en ello?
En ‘Memorias de la Tierra’ si hay un proceso que hago deliberadamente en el que trato de abrir escenarios de esperanza. Creo que es lo que toca ahora, crear un imaginario que te haga intuir que es posible el cambio. Ahora mismo impacta más que alguien te presente cómo podría ser el mundo de otra manera que hacer un cómic o una viñeta sobre ‘qué chungos son los de la bolsa’. Se ha convertido en un cliché. Yo voy buscando una especie de antipublicista, utilizar todos los recursos estéticos y gráficos para hacer ver qué otro mundo podemos anhelar. Ahora mismo la realidad está denunciándose a sí misma. Esto no funciona, y ahí es donde hay que trabajar.

¿Podría Miguel Brieva elaborar algún día un libro en el que la humanidad haya logrado el cambio de consciencia que reivindica en sus ilustraciones?
Lo ideal seria que no hubiera que hacer un libro porque a nadie le interesaría; estaríamos viviéndolo. Ahora voy en la línea de tratar de imaginar cómo llegar a ese punto, y cómo es. Quiero sugerir. Hay una efervescencia de cómo podemos hacerlo desde movimientos sociales, la ecología. Por ejemplo, inventar un dinero que no se acumule. Yo cogería las líneas más interesantes y las desarrollaría. Me inventaría historias que sucedan en ese escenario que es ese telón de fondo. Es en lo próximo en lo que voy a trabajar.

Imagen de portada: http://unblogsupuestamentedivertido.megustaescribir.com/