¿Y tu ropa, está limpia?



Te proponemos un juego. Desnúdate, y echa un vistazo a tu ropa interior. Localiza la etiqueta y hazle una foto. ¿Dónde está fabricada? Si en ella pone ‘made in’ Bangladesh, Vietnam, Camboya…quizá sea un buen momento para enviar la foto al fabricante y preguntarle. ¿Esto es realmente ropa limpia?

¿Y tu ropa, está limpia?

 

Las etiquetas de nuestra propia ropa interior revelan que solo dos de diez prendas están hechas en España.

Las etiquetas de nuestra propia ropa interior revelan que solo dos de diez prendas están hechas en España. Foto: Nonada.

El problema de la explotación y las malas condiciones a las que están sometidos los trabajadores textiles, principalmente en los países asiáticos, es un problema que nos toca mucho más de cerca de lo que imaginamos. En la redacción de nonada.es hemos hecho la prueba y este ha sido el resultado: entre la ropa interior de nuestros periodistas encontramos boxers marca H&M y Springfield fabricados en Bangladesh, calzoncillos Gap y BananaRepublic hechos en Indonesia, y ropa interior femenina de H&M fabricada en China. De diez etiquetas únicamente dos llevan escrito ‘Made in Spain’, concretamente ropa interior de las marcas Kler y Set.

Aunque se trate de un simple juego, sin ningún tipo de base científica, mirar las etiquetas de aquello que compramos y llevamos puesto puede ayudarnos a reflexionar y a comprender un poco mejor cuál es el problema de la deslocalización de la industria textil. A grandes rasgos este es el objetivo de la Campaña Ropa Limpia (CRL). Se trata de coaliciones de ONGs, sindicatos y organizaciones de consumidores, que intentan denunciar las situaciones abusivas contra los trabajadores de las empresas textiles situadas en otros países. En nuestro país la ONG Setem es la encargada de coordinar esta campaña que nació en Holanda hace más de dos décadas.

¿Deslocalizar o explotar?

Hoy en día las grandes corporaciones textiles como Inditex, Adidas o H&M, han dejado de producir apenas en sus propios países de origen para trasladar la fabricación hacia otros lugares donde obtienen condiciones más ventajosas. La palabra deslocalización no es más que un eufemismo para indicar que estas empresas ya no se dedican en su mayoría a fabricar ropa. Simplemente la diseñan, y la compran hecha en países del tercer mundo. Su misión es vender y crear una marca, de fabricar el producto se encargan otros.

Para Oscar Fernández, uno de los responsables de comunicación de la Campaña Ropa Limpia, es vital que la gente empiece a hacerse preguntas: “creo que todos tenemos una cierta idea de lo que pasa en estas fábricas asiáticas, aunque sueles no preguntarte mucho y no vas mirando siempre las etiquetas de todo lo que compras. Sin embargo en el momento en que empiezas a tirar un poco del hilo lo que encuentras es realmente estremecedor. A modo de ejemplo, el grupo Inditex, únicamente fabrica en España alrededor del cinco por ciento de su producción, el resto se hace fuera”.

Las marcas textiles de alta gama ya han entrado en el juego de la deslocalización y en este momento un precio alto ha dejado de ser sinónimo de un producto de calidad

Sin embargo es frecuente que cuando estamos comprando ropa de marcas españolas, como Zara o El Corte Inglés, tengamos la falsa impresión de que estamos adquiriendo productos hechos en España. “Las grandes marcas hacen los diseños en occidente y después subcontratan la fabricación a países asiáticos y del sur. La gran ventaja para ellos es que de esta manera son las proveedoras quienes tienen que lidiar con trabajadores, salarios, condiciones de seguridad, sindicatos… así pues se da el caso muy frecuentemente de que la misma fábrica está realizando prendas para distintas marcas de ropa, que incluso son competencia entre sí”, apunta Fernández.

De este modo el problema ya no es únicamente el de las condiciones laborales, sino el de la baja calidad de unos productos que nos venden a precios muy elevados bajo el paraguas de una marca de prestigio. Los consumidores cada vez somos más conscientes de todo esto, resumen desde Setem. “Muchas veces marcas de ‘calidad’ como Adidas o El Corte Inglés, te están vendiendo un producto a un precio mucho más alto cuando, de hecho, está siendo realizado en las mismas condiciones, e incluso en las mismas fábricas, que las marcas más baratas como Primark o Carrefour. Y no sólo nos referimos a las condiciones de elaboración, sino a la ropa en sí, que muchas veces, también es de peor calidad. Hay un gran problema porque las marcas textiles de alta gama ya han entrado en el juego de la deslocalización y en este momento un precio alto ha dejado de ser sinónimo de un producto de calidad”.

Es falso que proporcionar un salario digno encarezca la ropa. Foto: Campaña Ropa Limpia.

Es falso que proporcionar un salario digno encarezca la ropa. Foto: Campaña Ropa Limpia.

Las grandes excusas

A todos nos gusta que la ropa sea barata y que el vestido no tenga que suponer un quebranto de la economía familiar. Sin embargo todo llevado al extremo acaba siendo perjudicial para alguien, y en este caso quien lo paga suelen ser siempre los más pobres. Desde CRL han publicado el decálogo con las excusas más frecuentes que suelen poner las grandes empresas para mantener estas situaciones de desigualdad. De entre todas ellas sin duda hay una que las grandes corporaciones repiten como un mantra: “Los consumidores no quieren pagar más por la ropa, y subir los salarios repercutiría en el precio final”.

Una afirmación que desde CRL desmontan rápidamente. “En general el salario de quien ha fabricado la prenda supone únicamente entre un uno y un tres por ciento del precio final. Es decir, si pagamos diez euros por una camiseta la persona que la fabricó con suerte recibirá 30 céntimos. Si duplicáramos su sueldo la camiseta ahora valdría 30 céntimos más”. Algo que lleva a pensar que si el consumidor es capaz de asumir ese aumento, no debería ser un problema para empresas con beneficios anuales millonarios.

Además de responder a estas, y muchas otras preguntas que pueden surgirle a cualquier consumidor con un mínimo de curiosidad, desde CRL se organizan diferentes acciones encaminadas a mejorar las condiciones de vida de estos trabajadores textiles, en su mayoría mujeres, que en muchas ocasiones trabajan hacinados, en turnos que superan las 12 horas y cobrando salarios que no les permitirían comprar siquiera una sola de las prendas que fabrican con lo que ganan en un mes.

Tragedias recientes como los 700 muertos de la fábrica de Bangladesh ponen de manifiesto la gravedad de esta situación

Como apunta Fernández, tragedias como la ocurrida hace unos días en Bangladesh, que ya se ha cobrado más de 700 vidas, ponen de manifiesto la gravedad de estas situaciones. “Los trabajadores se hallaban en un edificio que no reunía las condiciones de seguridad, donde se habían añadido más plantas de las permitidas, y donde existían unas deficiencias en el tema de salidas de emergencia que lo convertían en una trampa mortal. Todo ello por la simple avaricia de unos dueños que lo único que quieren es sacar la mayor producción posible, y de unas marcas internacionales que miran para otro lado y solo quieren lavarse las manos a la hora de asumir cualquier tipo de responsabilidad”.

El drama en Bangladesh, es también un buen ejemplo de hasta qué punto a las empresas les afecta que se ensucie su imagen. “Como se trata de una tragedia que ha tenido una gran repercusión mediática, ha habido marcas como Primark o El Corte Inglés que a los pocos días, y sin que haya hecho falta presionarlas ya han empezado a anunciar que van a indemnizar a trabajadores y familiares afectados”.

Una de las acciones de la Juega Limpio con motivo de las olimpiadas de Atenas.

Una de las acciones de la campaña Juega Limpio con motivo de las olimpiadas de Atenas. Foto: Campaña Ropa Limpia.

La información como arma

CRL elabora y pone a la disposición de todo el mundo desde su página web informes sobre las diferentes empresas textiles y sus acciones encaminadas a paliar esta situación. “Desde Campaña Ropa Limpia no nos gusta hacer rankings”, recalca Fernández, “ya que al fin y al cabo casi todas ellas han incurrido en este tipo de situaciones alguna vez, lo que si hacemos es publicar informes detallados para que la gente pueda sacar sus propias conclusiones.

A la hora de intentar entablar diálogo con ellas, no suele haber problema, ya que ellas son las primeras interesadas en lavar su imagen. Suelen facilitarnos información (la que a ellos les interesa), y normalmente hay buenas intenciones, aunque lo más frecuente es que después todo quede en meras palabras”.

Sin embargo esto no siempre es así. Como ejemplo, recuerdan la situación que vivieron con Adidas a raíz de la campaña juego limpio. Se trata de una campaña que se realiza cada cuatro años y queremos inspeccionar cómo se realiza la ropa textil deportiva que tiene presencia o patrocina los juegos olímpicos. “Adidas era patrocinadora oficial, y ni siquiera se dignaron a recibirnos para entablar un diálogo después de haber estado intentándolo varios meses”.

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Qué podemos hacer

Desde CRL apuestan por el diálogo y por la información como herramientas para su lucha contra la desigualdad. Sus estrategias se basan en la presión en positivo y, mientras sea posible, huyen del boikot puro y duro, ya que consideran que puede resultar contraproducente en muchos casos.

Tanto en la ropa, como en cualquier otro producto un pequeño gesto positivo ya es el dedicar unos segundos a mirar la etiqueta y averiguar dónde está hecho, y si la calidad del producto es acorde con su precio. Este es un buen primer paso para empezar a desarrollar un consumo responsable.

Otra opción es la de presionar a las marcas de manera directa para instarles a mejorar las condiciones de los trabajadores y la calidad de sus prendas. Hay muchas formas, bien recogiendo firmas y sumándose a diferentes campañas, enviando mails o tarjetas postales a sus servicios de atención al cliente, o algo tan sencillo como preguntándole al dependiente que nos atiende para que nos diga dónde y cómo se ha hecho esa prenda. Seguramente no lo sabrá, pero si lo hacemos repetidamente llegará un momento que, aunque sea por hartazgo se lo comunicará a su supervisor para que este lo averigüe.

Por otro lado podemos cambiar nuestros hábitos de consumo, y hacerlo de una manera responsable. No es necesario cambiar de vestuario cada temporada y no es un mal recurso llegar a interiorizar que las modas son pasajeras y también vienen impuestas por las marcas con el objetivo de que nunca dejemos de comprar. Además existen gran cantidad de webs en las que se da información sobre dónde adquirir ropa fabricada bajo principios sostenibles, ecológicos y de comercio justo, a las que también podemos acudir.