Una foto irrepetible

La luz es la materia prima del fotógrafo, y arrancarle historias a la oscuridad es la pasión de algunos de ellos. El desafío para el colectivo Light Art Projects era devolverle la vida a una vieja mina abandonada usando la luz como único recurso. El resultado: una fotografía única en…

Una foto irrepetible

La luz es la materia prima del fotógrafo, y arrancarle historias a la oscuridad es la pasión de algunos de ellos. El desafío para el colectivo Light Art Projects era devolverle la vida a una vieja mina abandonada usando la luz como único recurso. El resultado: una fotografía única en España fruto de nueve meses de trabajo.

El resultado de nueve meses de trabajo es la fotografía nocturna iluminada más grande de España. Foto: Light Art Projects.

El resultado de nueve meses de trabajo es la fotografía nocturna iluminada más grande de España. Foto: Light Art Projects.

A todos nos ha ocurrido alguna vez intentar hacer una foto de noche y que nos salga movida. Este problema se produce cuando el tiempo de exposición de nuestra cámara (el tiempo durante el que el objetivo está recibiendo luz) es muy lento. Sin embargo este efecto puede utilizarse también con fines artísticos. El ejemplo más común son las fotos nocturnas de calles o autopistas donde los faros de los coches crean una serpiente multicolor de haces luminosos. Esta técnica se conoce en fotografía bajo el nombre de ‘Pintura de Luz’.

Una foto única en España

Los autores posan junto a la fotografía. Foto: Light Art Projects.

Los autores posan junto a la fotografía. Foto: Light Art Projects.

La obsesión de Antonio García Fraile era conseguir una fotografía nocturna totalmente diferente a lo que se había hecho con anterioridad en nuestro país. Tenía que ser impactante en todos los sentidos: por su complejidad técnica, por su tamaño, pero sobre todo tenía que ser creativa hasta el extremo.

Para lograrlo, lo primero que le hacía falta era reunir a un equipo de locos por la pintura de luz con ganas de enrolarse en su proyecto, y quizá ese punto fue lo más sencillo de todo el proceso. No le hizo falta mucho para convencer a los fotógrafos Pedro Alcázar, Carlos Balsalobre, Carlos Serrano y Beto Ruíz. Todos ellos son expertos en las diferentes técnicas de ‘pintura de luz’, pero este proyecto superaba en complejidad cualquiera de sus obras anteriores.

El equipo humano estaba listo, ahora llegaba el momento de elegir la localización. Tras descartar varios emplazamientos que fueron surgiendo, Pedro Alcázar sugirió la antigua mina de San Antonio, en Mazarrón (Murcia). Las dudas se disiparon y todos tuvieron claro que el lugar debía ser ese. Con la ayuda de Mariano Guillén, cronista de la ciudad, el equipo descubrió las apasionantes historias que escondía ese enclave, donde el tiempo, la gente y los avances de la industria fueron modelando su geografía hasta el momento en que quedó abandonado, sin uso y condenado al olvido.

Tras nueve meses de trabajo han conseguido realizar la fotografía nocturna iluminada más grande del país

Como un dinosaurio varado en el tiempo, los 68.000 metros cuadrados de horizonte que conforman el complejo minero, ofrecían un sinfín de posibilidades pero también una gran cantidad de desafíos a la hora de realizar esta foto nocturna. El primero de ellos la propia localización del escenario. Cada martes por la noche, durante 36 semanas el equipo debía recorrer los 150 kilómetros que separan Alicante de Mazarrón para llevar a cabo la producción de esta inusual fotografía.

Los problemas de modelar con luz

El primer gran desafío fue la elección del punto desde donde se haría la foto, ya que desde una distancia de 200 metros al punto de enfoque, para obtener la calidad que se buscaba, no podía hacerse en una sola toma. De este modo decidieron dividir los casi setenta kilómetros cuadrados de la fotografía en 20 cuadrantes. De cada uno de ellos se realizaría una toma que después enlazarían para conformar la fotografía como si se tratara de un rompecabezas gigante. La precisión en las uniones tenía que ser milimétrica.

El espacio se dividió en 20 cuadrantes para hacer la fotografía. Foto: Light Art Projects.

El espacio se dividió en 20 cuadrantes para hacer la fotografía. Foto: Light Art Projects.

“Se hicieron multitud de ensayos y mediciones de luz para cada una de las 20 escenas que componen la obra. Toda la información estaba plasmada en guiones técnicos y se utilizó un avanzado sistema topográfico combinado con punteros láser y marcas reflectantes en el terreno que permitieron encajar perfectamente cada una de las partes”, precisa el fotógrafo Luis Rivera.

Rivera es uno de los impulsores de l’Espai de fotografía y fotógrafos de Alicante, el centro donde hasta el próximo 16 de junio se puede contemplar la espectacular foto antes de que parta a diferentes concursos y exposiciones. Además de participar activamente en la ejecución del proyecto, él ha sido el encargado de dar fe lo acontecido en estos nueve meses de trabajo a través de un documental. “Se trata de un trabajo interdisciplinar en equipo, en el que han intervenido más de 30 personas”, comenta el fotógrafo.

Aunque pueda parecer sencillo, no fue hasta el cuarto mes de trabajo cuando se disparó la primera de las 20 fotografías. Las condiciones debían ser perfectas y solo podían trabajar durante las noches sin luna, ya que cualquier contaminación lumínica hubiera echado a perder el esfuerzo de varios días. “Trabajar en una mina abandonada no es sencillo. Hay piedras, estructuras derruidas, grietas peligrosas y precipicios. Pero si además lo haces de noche y a oscuras, la dificultad se multiplica”.

Instantáneas de cuatro minutos

Detalle de la fotografía en que unos 'ektoplasmas' descansan entre las ruinas. Foto: Light Art Projects.

Detalle de la fotografía en que unos ‘ektoplasmas’ descansan entre las ruinas de la mina. Foto: Light Art Projects.

Para conseguir este tipo de efectos en las imágenes nocturnas es necesario trabajar con tiempos de exposición extremadamente elevados. Si lo normal para hacer una instantánea doméstica a plena luz del día es que el objetivo reciba luz durante 0’008 segundos o menos, para la realización de esta fotografía el obturador se mantenía abierto durante cuatro interminables minutos. Durante este tiempo cada uno de los miembros del equipo y todos los figurantes debían tener muy claro lo que tenían que hacer.

Una persona portando una bengala arriba y abajo entre los surcos de la mina conseguirá producir el efecto de misteriosos ríos luminosos que surgen de la tierra. Moviendo una linterna a modo de pincel, Pedro Alcázar, quien responde al apodo de ‘El niño de las luces’, consigue dar forma a una corte de criaturas fantasmagóricas que pululan por la ladera y procesionan creando sugerentes alegorías. No hay photoshop, simplemente luz en movimiento.

Pero en esta fiesta de la luz también hay sitio para los humanos de carne y hueso. La fotografía de tres metros y medio de longitud es un auténtico diorama en el que se han recreado diferentes escenas como homenaje al pasado de lo que fue la mina de San Antonio. Mirando a través de un ventanal asistimos a las reivindicaciones de un incipiente movimiento obrero, mientras tanto, esparcidos por la ladera, trabajadores provistos de picos y faroles continúan horadando las entrañas de la tierra. Alegorías del amor, de la vida y de la muerte se suceden por los cerros vecinos y el observador paciente se da cuenta de no existe un solo palmo de la imagen que no esconda algún secreto.

Los figurantes debían permanecer inmóviles durante cuatro minutos. Foto: Light Art Projects.

Los figurantes debían permanecer inmóviles durante cuatro minutos. Foto: Light Art Projects.

Aunque no hay trampa ni cartón en esta foto, nada de lo que se ve pasó como parece. “Nuestro objetivo era provocar una instantánea. Crear la ilusión de haber capturado un instante de la vida en la mina donde todo parece espontáneo y natural. Sin embargo cada una de las personas que salimos en la foto teníamos que estar totalmente quietos durante los cuatro minutos que duraba la toma, ya que cualquier movimiento hubiera provocado que la imagen saliera borrosa y no podíamos permitirnos repetir las tomas. Había que encontrar una postura cómoda y seguir el guión al pie de la letra. Todo estaba controlado al milímetro” recuerda Rivera.

Como pequeña licencia a su obra, los autores también aparecen retratados en medio de la escena. Son cinco siluetas que lo observan todo al pie de una torre eléctrica que divide la imagen en dos. ¿Quien fue el encargado de darle al botón de la cámara? Quizá todos ellos, o quizá nadie. Posiblemente la foto ya estaba allí desde hace años y solo necesitaba que le ayudaran a salir a la luz.