Detroit, el increíble caso de la ciudad menguante

La que fuera el corazón industrial de Estados Unidos y hogar de dos millones de habitantes ha visto reducida su población a 700.000 personas en la última década. La única solución para la ciudad, declarada oficialmente en bancarrota, pasa por limitar su superficie ante la imposibilidad de prestar los servicios…

Detroit, el increíble caso de la ciudad menguante

La que fuera el corazón industrial de Estados Unidos y hogar de dos millones de habitantes ha visto reducida su población a 700.000 personas en la última década. La única solución para la ciudad, declarada oficialmente en bancarrota, pasa por limitar su superficie ante la imposibilidad de prestar los servicios públicos más básicos.

Una imagen fantasmagórica de la Detroit actual. Foto: Bob Jagendorf.

Una imagen fantasmagórica de la Detroit actual. Foto: Bob Jagendorf.

Más del 40% de las farolas de la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, Estados Unidos, no funcionan. De éstas, la gran mayoría data su origen en 1912. Cambiarlas costaría millones de dólares, pero el ayuntamiento, con una deuda de 18.500 millones de dólares, se ha declarado en bancarrota. En lugar de repararlas, se prevé que su número se reduzca a la mitad. Esto significaría, en la práctica, que barrios enteros de la ciudad quedarán completamente a oscuras. Y forma parte de un proyecto aún más ambicioso: el de reducir el tamaño actual de la ciudad ante la imposibilidad de poder hacer frente a los gastos más básicos.

Para entender la situación de los servicios públicos en Detroit sólo hacen falta algunos datos. Dos tercios de los autobuses (en un servicio ya de por sí mermado) llegan tarde. El 70% de las ambulancias están aparcadas, ya que no se puede pagar su gasolina. Y su servicio de emergencia tiene un tiempo de respuesta calculado en 58 minutos, el más lento de todo el país. Esto ha provocado que algunos barrios tengan que hacerse cargo ellos mismos de labores básicas como la limpieza, la reparación de calzadas e incluso la seguridad. Todo esto, en una superficie de unos 360 kilómetros cuadrados, con una población un 60% menor que hace medio siglo, un tercio de sus casas vacías, 78.000 edificios abandonados en el centro y una caída en la recaudación pública del 40% durante la última década.

¿Símbolo de la decadencia norteamericana?

La visión de una ciudad fantasmal, con edificios en ruinas y en estado de desgobierno ha llevado a bautizarla como «la Grecia de Estados Unidos«. Pero sobre todo ha generado un interrogante: ¿es esto lo que le espera al resto del país? En cierto sentido, la historia de Detroit es la historia de Norteamérica. Conocida como la ciudad del motor, fue el principal foco industrial del país, y cuna de sus tres principales fabricantes: Ford, Chrysler y General Motors. Fue aquí donde se asfaltó la primera autopista, donde se puso en práctica el taylorismo como método industrial y donde Henry Ford popularizó el primer coche de masas.

La situación puede resultar familiar al de otros países europeos: deuda pública, recortes, empobrecimiento de la clase media y tensiones sociales

La que fuera considerada ciudad del motor se cae a pedazos. Foto: Sarah Rice.

La que fuera considerada ciudad del motor se cae a pedazos. Foto: Sarah Rice.

El declive comenzó a mediados de siglo pasado. Estas empresas empezaron a tener más competencia extranjera, y el país se desindustrializó poco a poco, deslocalizando gran parte de su producción. Con ello aumentó la deuda, y se redujeron los puestos de trabajo, que no pudieron ser absorbidos por otros sectores. Al mismo tiempo, la clase media blanca abandonó el centro de la ciudad por motivos racistas y se dispersó a los suburbios, lo que encareció los servicios públicos, diseminados ahora en un área mucho mayor.

La situación puede resultar familiar a la de otros países europeos: deuda pública, recortes, empobrecimiento de la clase media, y tensiones sociales. Lo que obliga a un cambio de modelo y amenaza con extenderse a otros estados en una situación también delicada como Florida, en plena crisis inmobiliaria, o California, también declarada en bancarrota.

De edificios vacíos a macrohuertos urbanos

Uno de los documentos más interesantes generados por la situación límite de la ciudad ha sido el del documental ‘Detropia‘, realizado por Heidi Ewing y Rachel Grady. En éste se analiza la situación de Detroit desde diferentes puntos de vista: una video-blogger que visita los edificios abandonados; el jefe del sindicato de trabajadores de un gran fabricante de automóviles que tienen que negociar una nueva bajada de salarios; la Ópera de la ciudad, patrocinada por Ford; un grupo de ex-trabajadores convertidos en chatarreros; o una pareja de videoartistas que se ha trasladado a la ciudad atraída por los bajos precios de los inmuebles.

El proyecto ‘Detroit Works’ trata de consensuar cómo reorganizar la ciudad para poder salvarla

En el documental abundan los edificios en ruinas, los barrios abandonados a su suerte, y sobrevuela la incógnita sobre el futuro de la ciudad. En este sentido destaca el proyecto ‘Detroit Works‘, creado en 2010 y que pretende reunir a todos los agentes sociales para consensuar cómo reorganizar y reconfigurar la ciudad para poder salvarla. La solución gubernamental pasa por animar a los residentes y negocios en zonas menos pobladas (algunas con solo un 10-15% de población) a trasladarse a zonas más pobladas. De manera que se puedan reducir los servicios y éstos se puedan mantener.

Imagen de una de las reuniones de 'Detroit Works'

Imagen de una de las reuniones de ‘Detroit Works’.

Sin embargo, este plan cuenta con la resistencia de muchos vecinos, que no pueden hacer frente a este cambio de residencia (el salario medio en Detroit es menor al de la media norteamericana), y con el escepticismo en torno a cómo van a ser utilizadas esos terrenos. Las ideas son variopintas y van desde la creación de cinturones verdes a la de macrohuertos urbanos. Lo que convertiría a una ciudad tradicionalmente industrial en un centro agrícola.

La situación de empobrecimiento también ha provocado un aumento de las tensiones sociales y de los índices de criminalidad en una ciudad ya de por sí conflictiva. Como muestra está la Devil’s Night (noche del diablo). Durante la víspera a la noche de Halloween, el 30 de octubre, cada año se producen disturbios en la ciudad que acaban con cientos de casas y vehículos quemados, en una tradición que se remonta a 1970.


Trailer de ‘Detropia’, la decadencia a ritmo de ópera.

Ciudades que menguan

Aunque parezca que lo generalmente normativo en un sistema capitalista (basado en la expansión constante) es que las ciudades crezcan, Detroit no es la única que se ha visto obligada a empequeñecer. Un ejemplo cercano es el de la cuenca del Rhur, en Alemania, que sufrió un proceso parecido de desindustrialización durante los años 70. Sin embargo, el que más utilizado en este caso es el de Pittsburgh, antiguo principal productor de acero de Estados Unidos. De este antiguo modelo, que entró en crisis en los años 80 y 90, sólo queda el equipo de fútbol americano (llamado Pittsburgh Steelers). A partir de entonces la ciudad transformó sus más de 4.000 kilómetros de suelo industrial abandonado en espacios residenciales y comerciales, pudiendo salvar a la ciudad de la bancarrota. Un sendero que han seguido otras como Flint, Buffalo, o Cleveland.

Vista aérea de la ciudad de Detroit

Vista aérea de la ciudad de Detroit.

Además, Detroit todavía da muestras de vitalidad. Tal y como muestra el documental ‘Detropia’, la abundancia de pisos vacíos ha provocado un éxodo de población, sobre todo joven, a esta ciudad, donde por pocos miles de dólares puede comprar una casa. De este modo, la edad media del centro metropolitano es de las más bajas de Estados Unidos. Lo que está convirtiendo en uno de los puntos más vanguardistas del país una de la que fuera las cunas del hip-hop y el ‘freestyle’.