‘Food porn’, alimentos objeto de deseo



¿Qué hay de erótico en un plato combinado? ¿Pueden los alimentos despertar nuestros instintos más primarios sólo a través de la vista? El ‘food porn’ da respuesta a éstas y otras cuestiones. Una corriente muy de moda entre los amantes de la gastronomía como arte, donde la fotografía es la culpable de convertir los alimentos en objeto de deseo

‘Food porn’, alimentos objeto de deseo
La fotografía de Aiala Hernando busca despertar en el espectador el deseo de comerse un plato incluso antes de tenerlo delante. Foto: Aiala Hernando.

La fotografía de Aiala Hernando busca despertar en el espectador el deseo de comerse un plato incluso antes de tenerlo delante. Foto: Aiala Hernando.

En nuestra cultura, la comida es algo omnipresente. Protagoniza revistas, folletos promocionales, blogs gastronómicos tanto de cocineros profesionales como de amateurs, anuncios y programas de televisión… En esta explosión culinaria el arte ha sabido ver en los alimentos de nuevo su musa. Sin embargo, ahora le ha dando una vuelta de tuerca a la representación de la comida a través de la fotografía, dejando de lado los tradicionales bodegones en óleo para alcanzar la erótica de la comida a golpe de luces, sombras y colores.

Siempre se ha dicho que comemos con los ojos. A través de la vista se despiertan en nosotros estímulos que podrían llegar a ser comparados con los puramente sexuales. Es lo que se conoce como ‘food porn’ o pornografía en la comida. Conseguir que los alimentos sean objeto de deseo para el espectador, más allá de las ganas de comer que éste tenga.

“En las formas, los colores, los detalles, el juego de luces y sombras. Cada fotografía o cada plato es una obra de arte que puede provocar sensaciones pasionales muy similares a las puramente sexuales”. Así lo explica Aiala Hernando, una estilista de comida cuyo fin es despertar en el espectador el deseo de comerse un plato incluso antes de tenerlo delante; “tan sólo con verlo”, explica.

«Cada fotografía o plato es una obra de arte que puede provocar sensaciones pasionales muy similares a las puramente sexuales», explica Aiala Hernando, estilista de comida

Esa es la clave, precisamente, del ‘food porn’, el aspecto visual. Por ello, la fotografía de comida ha evolucionado tanto en los últimos años hasta ser una pieza más del proceso evocador de un plato.

Sexo y comida

Es la excitación de los sentidos lo que lleva al uso de este término anglosajón y no su relación con el sexo en sí mismo. Sin embargo, si bien no hablamos de pornografía propiamente dicha, la fotografía de alimentos puede llegar a generar una respuesta cerebral muy similar a la sexual. Al fin y al cabo, una imagen de un cuerpo sensualmente desnudo y otra de un pastel rebosante de nata y chocolate pueden activar en los dos casos las áreas relacionadas con el placer que existen en el cerebro. Es el vínculo que Anne-Claire Si Fodil, especialista y consejera de imagen y alimentación, encuentra entre sexo y comida.

Después de años de estudios, de acompañar a fotógrafos gastronómicos y realizar exposiciones y conferencias sobre fotografía y alimentos, Anne-Claire tiene claro que se le puede dar cierta intencionalidad a las imágenes de comida para que provoquen algo más que hambre en el espectador. Despertar, a fin de cuentas, el deseo:

«El food porn oscila entre voyerismo y el exhibicionismo. Si establecemos un paralelismo con el sexo, podemos comparar una imagen anatómica de un cuerpo desnudo con una imagen erótica y otra pornográfica: la primera proporciona información sobre la anatomía, la segunda sugiere sensualidad y, la tercera, se realiza para provocar un placer masturbatorio»

Experimento con una esponja sintética, algo de betún, crema de manos, gel de ducha y barniz. Despierta los sentidos. Foto: Anne-Claire Si Fodil.

Experimento con una esponja sintética, algo de betún, crema de manos, gel de ducha y barniz. Despierta los sentidos. Foto: Anne-Claire Si Fodil.

De esta manera, según se presenten los alimentos, podrá despertarse una excitación, incluso física, en el observador: dilatación de las pupilas, salivación, palpitaciones…

Precisamente, esta investigadora francesa ha desarrollando recientemente un estudio muy interesante sobre la apetencia. En su proyecto visual cuestiona la manera en la que vemos las imágenes de comida y el deseo que experimentamos frente éstas, incluso cuando no son objetos comestibles lo que tenemos enfrente. ‘Zones d’Appétence’ muestra lo sugerente que puede llegar a ser una esponja sintética chorreante de betún, crema de manos, gel de ducha y barniz.

Origen e inclusión en la publicidad

Como todo concepto o corriente, existen diferentes teorías acerca del origen del ‘food porn’. Para Anne-Claire, por ejemplo, fue Michael Jacobson, cofundador del Center for Science in the Public Interest (Centro para la Ciencia en el Interés Público, CSPI), el primero en acuñar este término, en 1979, cuando en una de las revistas de la institución comparó la comida sana con los alimentos poco saludables; ‘right stuff’ frente a ‘food porn’.

Aiala Hernando, por su parte, cita a la crítica culinaria Rosalind Conward, que en 1984 mencionó el término ‘food pornography’ en su libro ‘Female Desire’. En cualquier caso, a lo largo de las últimas dos décadas el concepto ya ha encontrado su hueco no sólo entre los especialistas gastronómicos sino también entre los amantes de la cocina, conocidos como ‘foodies’.

En este sentido, la publicidad ha visto el filón y sabiamente ha aplicado las técnicas de seducción a la hora de mostrar los alimentos. Para muestra, un botón. El de McDonald’s, donde la compañía da respuesta a una pregunta que más de uno se habrá hecho: ¿por qué hay tanta diferencia entre las hamburguesas que se muestran en la publicidad y las que se sirven en el establecimiento?

Con ejemplos como éste o muchos otros se entiende que haya surgido la figura del estilista de comida, el profesional que se encarga de hacer más deseable y apetitoso un plato. Sin embargo, a la hora de mostrar los ingredientes no todos los ‘food stylist’ son partidarios de uso de ciertas técnicas que pueden llevar al engaño en la publicidad, ya sea mediante el uso de comida de plástico como otras argucias.

«Yo creo que un alimento debe representar lo que es. De hecho, yo no utilizo nada que no sea comestible ni cierto. Todo lo que ves es lo que hay». Por este motivo, Aiala hace hincapié en la importancia de la preparación antes de hacer el disparo: “Lo más complicado es que el tiempo siempre corre en tu contra. Las salsas se disgregan, el helado se derrite y así un sin fin de contratiempos. Lo más importante es mantener unas normas y un orden, ser meticuloso y saber en cada momento cuál es la siguiente tarea a realizar”.

«Por supuesto, todo lo que tenga que ver con la humedad, el brillo y otras alteraciones pueden maximizar la palatabilidad del plato. Algunos fotógrafos utilizan trucos, pero no todos lo hacen», comenta Anne-Claire, quien pone como ejemplo de fidelidad el trabajo del catalán Francesc Guillamet, el que fue fotógrafo de El Bulli y que en 2011 participó junto a otros profesionales en la primera exposición en España relacionada con la comida pornográfica: ‘Del bodegón al porn food’.

Pantallazo de Bakeolicious uno de los blogs más conocidos de 'food porn'.

Pantallazo de Bakeolicious uno de los blogs más conocidos de ‘food porn’.

El gusto por la gastronomía y por extensión la veneración de las imágenes de comida están tan presentes en el día tras día, que en la red las palabras ‘food porn’ enlazan a millones de referencias. Navegando por internet se pueden encontrar cientos de blogs especializados, como Food Porn Daily o Bakeolicious. Igualmente, las redes sociales han acogido con fervor esta corriente y en Facebook y Twitter cuentas como Foodporn o @Comida_Porno albergan miles de seguidores ávidos de platos suculentos etiquetados a su vez con el extendido hashtag #foodporn.

Después de ver la meteórica carrera de la fotografía gastronómica, sólo queda preguntarse si dentro de unos años las instantáneas de comida que hoy cuelgan en las cocinas de algunas casas pasarán a tener el privilegio de ocupar las paredes de algún salón que encuentre en ellas auténticas obras de arte, como lo fueron consideradas en su día, por ejemplo, las cebollas de Paul Cézanne.