Impresiones de camino a la Patagonia

Fue homosexual, bebedor ocasional y converso al hinduismo. Unos rasgos personales poco comunes para la primera mitad de siglo XX. Nada de eso, sin embargo, se impregnó en su pluma ligera, en su escritura a vuelapluma que fijaba con pinceladas finas las impresiones de cada lugar. Porque lo que el…

Impresiones de camino a la Patagonia

Fue homosexual, bebedor ocasional y converso al hinduismo. Unos rasgos personales poco comunes para la primera mitad de siglo XX. Nada de eso, sin embargo, se impregnó en su pluma ligera, en su escritura a vuelapluma que fijaba con pinceladas finas las impresiones de cada lugar. Porque lo que el escritor Christopher Isherwood pretendía era dibujar “un paisaje espontáneo”.

Christopher Isherwood. Foto: Random House Books.

Christopher Isherwood. Foto: Random House Books.

Y lo logró. Al menos en su cuaderno de viajes por Sudamérica. Un diario de seis meses que acaba de recuperar la editorial Sexto Piso y que lleva por título ‘El cóndor y las vacas’. El texto, escrito en 1957, es un recorrido presencial por algunas ciudades del continente como Cartagena de Indias, Quito, Lima o Buenos Aires. En cada uno de estos lugares, Isherwood se pasea junto a un fotógrafo (su pareja William Caskey) como un testigo ajeno. Y expone sus emociones, sus encuentros y sus descubrimientos sin sentar cátedra. Elaborando teorías etéreas que pueden modificarse con el transcurso de los días.

Lo avisa desde el principio: “No voy a disculparme de antemano por los disparates, inexactitudes o errores de criterio que probablemente inunden estas páginas. Es inevitable que una persona que lleva un diario acabe poniéndose en ridículo”. Él no lo hace. Más bien adecua su posición al de un caminante corriente. Se cruza con todo tipo de personas e intercambia poemas y literatura con algunos autores más o menos conocidos.

Como él. Porque Isherwood, nacido en Cheshire (Inglaterra) en 1904, ha quedado relegado en nuestro país a un segundo plano. Su muerte (en 1986, después de una estancia de más de cuatro décadas en Estados Unidos) y sus aportaciones al teatro sufrieron el ostracismo de las editoriales españolas hasta que a finales de los años sesenta, traducido por Jaime Gil de Biedma, se publicó ‘Adiós a Berlín’, germen del musical ‘Cabaret’, escrito en 1939.

La editorial Sexto Piso recupera ‘El Cóndor y las vacas’, el diario de viaje de Christopher Isherwood por Sudamérica escrito en 1957

Ahora, tras el éxito de otros periplos clásicos como el viaje a la Patagonia de Bruce Chatwin (‘En la Patagonia’, de 1977) y gracias a la dedicación de Sexto Piso, esta obra toma visibilidad. “Es un relato fascinante lleno de anécdotas maravillosas e inverosímiles, comentarios agudos y singulares descripciones”, apunta uno de los responsables de la editorial. “No solo se trata de uno de los testimonios más notables sobre la región, sino que incluso las rutas y parajes que visitó Isherwood siguen siendo sitios a visitar hoy en día”.

Una senda que pretende guiar a los lectores a otras crónicas “de altísima calidad e interés”. Así le parece a Andrés Barba. Este escritor (finalista del premio Herralde de Novela en 2001 por ‘La hermana de Katia’ y considerado uno de los mejores autores jóvenes en lengua castellana por la revista especializada Granta) es responsable de la traducción. Barba cree que ‘El cóndor y las vacas’ es un libro “importante” que había “pasado desapercibido”. “Isherwood es una figura clave de la literatura de la primera mitad de siglo XX en Europa, y un gran viajero”, continúa, “y su manera de llevar la homosexualidad junto con su condición de exiliado le dan un carácter muy extraordinario”, concluye.

'El cóndor y las vacas', editorial Sexto Piso.

‘El cóndor y las vacas’, editorial Sexto Piso.

El cansancio del viajero

Una forma de ser que no elude el contacto con el otro y que es capaz de erigirse sobre su propia persona. “Nuestro deber, por tanto, es ser lo más pintoresco que podamos. No excéntricos, porque eso les asustaría. Tampoco envidiablemente independiente, porque eso les haría sentirse insatisfechos con su vida”, acierta a decir el escritor inglés en los primeros momentos del viaje. “Tengo la obligación de parecer bohemio, alegre y despreocupado pero no por eso debo olvidar referirme al cansancio del viajero, al deseo de tener una propia casa en la que asentarse”, comenta más tarde.

Al final de estos seis meses de observación, en los que va enviando reportajes a revistas como Vogue, Horizon o Zero, Isherwood diagnostica el futuro de la región. “Hemos viajado por un imperio en la etapa final de su disolución”, anota. Un peso colonial que hace mella en las fronteras de cada nación y que vislumbra la ambición norteamericana de poder. Una “violencia permanente interrumpida sólo por pausas de agotamiento” que, como se vería poco después, llevaría en las sucesivas décadas a múltiples guerras.

“Isherwood es una figura clave de la literatura de la primera mitad de siglo XX en Europa, y un gran viajero”, señala Andrés Barba

La “falta de cohesión nacional” y la “excesiva preocupación por culturas ajenas” sintetizan lo que Isherwood describe en este clásico contemporáneo del género. Lo que le lleva a reflexionar sobre sus “impresiones más profundas” al finalizar la ruta. “¿Qué responderé a la gente cuando me pregunte cómo es Sudamérica?”, se pregunta. La respuesta puede remitir a las casi 300 páginas anteriores. Unas cuartillas sin pasajes sobre alcohol, budismo o las diferentes orientaciones sexuales que permiten, eso sí, adivinar las grietas de la región.