Crónica de una tuberculosa

Cuelgo el teléfono, me recuesto en la cama y retrocedo unos años. Estoy en mi casa viendo la famosa escena de ‘Moulin Rouge’ en la que Nicole Kidman tose sangre. Esa fue la primera imagen que pasó por mi cabeza cuando me dijeron que podría padecer tuberculosis. Satine, la protagonista,…

Crónica de una tuberculosa

Cuelgo el teléfono, me recuesto en la cama y retrocedo unos años. Estoy en mi casa viendo la famosa escena de ‘Moulin Rouge’ en la que Nicole Kidman tose sangre. Esa fue la primera imagen que pasó por mi cabeza cuando me dijeron que podría padecer tuberculosis. Satine, la protagonista, no sobrevivió a la enfermedad.

No hace tanto la tuberculosis (TBC) era una enfermedad muy común y con pocas posibilidades de cura. La acción del bacilo de Koch, la bacteria que produce la infección, se remonta a hace más de 15.000 años. Una dolencia muy antigua que todavía está presente en nuestros días, incluso en los llamados países desarrollados, aunque la diferencia es que Satine, de haber recibido un diagnostico a tiempo, probablemente se hubiera curado. Como yo.

Imagen del Biobanco del Hospital La Fe Valencia.

Imagen del Biobanco del Hospital La Fe de Valencia.

Fueron seis meses de antibióticos, más los tres meses que tardaron en diagnosticarme que la tenía. La doctora Rosario Menéndez, jefa de la sección de neumología del hospital La Fe de Valencia, explica que al principio la tuberculosis tiene unos síntomas muy inespecíficos y similares a otras infecciones de las vías respiratorias bajas, como pueden ser tos generalmente acompañada de esputo, febrícula, sudoración nocturna, falta de apetito o pérdida de peso. Ahora bien, la doctora reconoce que hay que tener en cuenta el resto de síntomas: “la persistencia de la tos y que el enfermo tenga factores de riesgo”.

En mi caso, el proceso fue lento. Me pilló lejos de casa la primera vez que tosí sangre. Ahora, cuando lo pienso, me tiemblan las piernas y me entra una especie de angustia. Da miedo escupir sangre por la boca. Acudí al hospital y me dijeron que era cosa de la garganta y me dieron antiinflamatorios. Después empezó la fiebre y me diagnosticaron bronconeumonía. Me recetaron antibióticos genéricos durante casi tres semanas sin otro efecto más que el de reducir la fiebre. La tos acompañada de esputo eran mi día a día.

Finalmente, una tarde me llamaron del hospital urgentemente y me dijeron que podría ser un caso de tuberculosis. De temblor de piernas pasó a pavor. Hasta que empecé a investigar y a descubrir que hay cura y que es una afección a la orden del día.

Las muertes por tuberculosis

Por suerte, empecé el tratamiento a tiempo. Otros no han tenido esa fortuna. Es el caso de Alpha Pam, un migrante que murió de tuberculosis este mismo año a falta de un diagnóstico correcto.

Su fallecimiento fue una de las consecuencias más graves del nuevo Real Decreto de Sanidad que dejó sin tarjeta sanitaria a muchos inmigrantes. Según un informe de la OMS, en 2011 se produjeron 1,4 millones de muertes en el mundo por TBC. No obstante, las cifras son esperanzadoras. La mortalidad mundial por TBC se está reduciendo. La doctora Menéndez cuenta que el número de muertes por esta enfermedad está asociado a pacientes con VIH y se localiza fundamentalmente en lo que llamamos “países subdesarrollados”, donde las condiciones de vida son nefastas y los nutrientes básicos muchas veces no son suficientes.

En el caso valenciano, la tasa de tuberculosos se ha reducido en más de la mitad en los últimos 15 años. Concretamente ha pasado de 24 casos por cada 100.000 habitantes en 1998 a un 9,9 por cada 100.000 en 2012. A pesar de ello, la doctora recuerda que continúan dándose muchos casos y hay que tener en cuenta que los datos son complejos de procesar, ya que se analizan a año cerrado. “Hay que tener en cuenta que no es una enfermedad clínica ni estacional”.

Tac de los pulmones de una persona afectada por la tuberculosis.

Tac de los pulmones de una persona afectada por la tuberculosis.

Vacunaciones poco efectivas

La vacunación contra la tuberculosis se inició en 1940 y fue progresando en las décadas siguientes con vacunaciones masivas a la población. En los años 80 la enfermedad estaba prácticamente erradicada en España y se abandonó la práctica de la vacunación.

“La indicación actual de la vacunación por BGC se centra en países con alta endemia de TBC no buscando un impacto epidemiológico pero sí para reducir la mortalidad infantil”. De hecho, la vacuna, según la doctora Menéndez, tiene aspectos negativos; ya que su relación coste-beneficio no está suficientemente probada. “Además, interfiere en la prueba de la tuberculina o mantoux y muchos de los aspectos inmunológicos que no son bien conocidos”.

Actualmente se trabaja para desarrollar una vacuna más efectiva que la actual, genéticamente modificada, que cambiaría las indicaciones actuales.

A partir del siglo XX se establece un tratamiento de seis meses con antibióticos específicos para la tuberculosis que serán los que curen la afección. Generalmente, el paciente tiene que estar dos meses con una carga diaria de varas pastillas con cuatro componentes antibióticos (isoniazida, pirazinamida, rifampicina i etambunol) y otros cuatro meses tomando dos pastillas diarias.

Cansancio, desgana, sensación de haber cumplido los 80 años en poco tiempo y dolores torácicos eran las sensaciones que me invadieron durante los primeros dos largos meses de tratamiento intensivo. Los controles hepáticos eran constantes ya que el tratamiento es agresivo. Pero lo único que deseas cuando estás en un proceso de curación es que, la medicación que parece acabar con cualquier energía que le queda a tu cuerpo, al menos, te cure.

Y es que en los últimos años la resistencia frente a los antibióticos de la TBC ha aparecido, según la doctora Menéndez, a causa de un mal tratamiento o incumplimiento que permite seleccionar los bacilos con capacidad de defenderse frente a los antibióticos. “También puede surgir resistencia cuando una persona, sin haber recibido tratamiento previo, se contagia por un paciente con TBC resistente”. Esto, según la doctora, hace que el tratamiento sea más difícil, ya que se utilizan fármacos llamados de “segunda línea” que suelen ser menos eficaces y, por tanto, requieren una mayor duración del tratamiento.

El periodo estricto de aislamiento

La tuberculosis se extiende fácilmente a través del aire. La doctora experta en neumología nos confirma que el paciente afectado puede eliminar bacilos al toser, hablar o estornudar. “Las pequeñas gotas que quedan en el aire pueden ser inhaladas por otras personas sanas y contagiarse”.

Generalmente, convivir cerca del paciente que elimina bacilos durante muchas horas en espacios muy pequeños y mal ventilados suele ser factor de riesgo de infección. Por eso, es importante que el paciente contagiado o con sospecha de contagio mantenga un aislamiento preventivo hasta que los análisis del esputo aparezcan limpios. A mí me aislaron.

Ahora, cuando lo pienso, me tiemblan las piernas y me entra una especie de angustia. Da miedo escupir sangre por la boca.

Fueron dos meses llevando una mascarilla que me cubría boca y nariz. Normalmente, un paciente puede tardar unas tres semanas en dejar de ser infeccioso. En mi caso, tardé el doble hasta que puede salir a la calle y entrar en los sitios cerrados sin mascarilla. Mi peor enemigo era la tinción de Ziehl o baciloscopia, la técnica que permite identificar los casos en los que las bacterias continuaban siendo infecciosas. Semana sí semana no iba al laboratorio del hospital para que me dieran la noticia: aislamiento o vía libre.

A parte de esta prueba, para identificar la tuberculosis, los pacientes tienen que pasar un largo proceso hasta llegar a un diagnóstico claro. Normalmente, una radiografía de tórax o TAC, la baciloscopia y la prueba de mantoux, una prueba de reacción cutánea, son las tres pruebas esenciales que se deben de hacer para reconocer si el paciente está infectado de tuberculosis. Hay muchos tipos de TBC, según nos cuenta la doctora. Los casos más comunes de tuberculosis son la pulmonar, la pleural y la meningitis.

“Además, la tuberculosis miliar que se disemina en la sangre a través de todo el organismo también es una forma grave pero menos frecuente”. Una vez curados los pacientes, en pequeños porcentajes, pueden quedar lesiones cicatriciales pulmonares o en la pleura. En mi caso, unas pequeñas deformaciones llamadas ‘bronquiectasias’ hacen que, de tanto en cuanto, el pulmón se resienta y acumule más mucosidad de la normal cuando me resfrío. No obstante, el porcentaje de pacientes con secuelas es cada vez menor si el diagnóstico es rápido y el tratamiento se realiza adecuadamente.

Una enfermedad curable

Las personas con los sistemas inmunitarios fuertes no tienen por qué desarrollar la tuberculosis. La doctora Menéndez asegura que la mejor manera de luchar contra la enfermedad es realizar un diagnóstico y un tratamiento lo más precoz posible. “Una vez conocido el diagnóstico, se instruye al paciente para evitar el contagio hacia otras personas y parar la cadena de transmisión”. Si se actúa con rapidez, la tuberculosis es, hoy en día, una infección curable. Por suerte, y porque seguí las instrucciones neumológicas, no contagié a nadie. Y lo superé. Y esta es una de tantas enfermedades que, hoy por hoy, se vencen. Aunque parezca una enfermedad de película antigua.