“Bono es un prisionero voluntario del sistema”



“Fue un encargo. No es nada personal”, se excusa Harry Browne sobre su último libro, ‘Bono. En el nombre del poder’. El autor irlandés ya había escrito algunos artículos sobre el líder de U2. De ahí la petición de la editorial: hacer una radiografía sobre la filantropía de las celebridades…

“Bono es un prisionero voluntario del sistema”

“Fue un encargo. No es nada personal”, se excusa Harry Browne sobre su último libro, ‘Bono. En el nombre del poder’. El autor irlandés ya había escrito algunos artículos sobre el líder de U2. De ahí la petición de la editorial: hacer una radiografía sobre la filantropía de las celebridades centrándose en una persona “ridiculizada y centro de insultos”.

Obama y Bono. Foto: The White House.

Obama y Bono. Foto: The White House.

Sobre todo en su país de origen y en Reino Unido. Paul David Hewson –más conocido como Bono (Dublín, 1960)– es una persona controvertida. El cantante y cabeza visible del popular grupo de rock U2 lleva más de dos décadas agitando conciencias en temas como las hambrunas o el sida en África o la cancelación de la deuda exterior. Un activismo que siempre ha levantado sospechas.

¿Por qué? Pues, según el análisis de Harry Browne, porque responde a un ejemplo de “caridad, neoliberalismo o filantrocapitalismo” que “representa la peligrosa corrupción del concepto de activismo”. “Líderes como Tony Blair utilizaban sus campañas para legitimar su inacción, su acción insuficiente o su acción completamente perjudicial en relación con la pobreza. Y siempre que hay dos o tres ricos o poderosos del mundo, allí está Bono”, completa en el libro.

Harry Browne.

Harry Browne.

Pero no es nada personal, insiste. Simplemente ha querido estudiar cómo una persona que va adquiriendo notoriedad se alista del lado del pensamiento occidental para solucionar problemas del tercer mundo. Algo que le ha pasado a Bono y que Browne expone siguiendo cronológicamente su trayectoria. “En Irlanda hay mucha gente que se ríe de él. Yo no formo parte de eso”, reincide. “También he intentado decir que algunas críticas son imprecisas”. “Este libro no tiene nada que ver con la envidia y no pone en cuestión las bases del éxito de Bono, sino más bien la manera en que decidió utilizarlo políticamente”, aclara en el prólogo.

Ese uso que emprendió el líder de U2 es lo que aún levanta ampollas. Más cuando la población se enteró hace unos años de que los gestos humanitarios se acompañaban de fijar una residencia en Holanda para no tributar en Irlanda o de las cláusulas millonarias que piden por cada espectáculo. “Es muy fácil hablar mal de Bono. Entonces, ¿por qué no había un libro así?”, se cuestiona el autor.

¿Y estar a favor? “La principal defensa del personaje es: ‘Al menos él hace algo”, detalla Browne. “Muchos dicen que a veces es necesario trabajar con capullos para conseguir algo”, continúa. “No digo que no. Mi padre era activista y para servir a la población tuvo que encontrarse y negociar con alcaldes o empresarios”, recuerda. El colaborador de medios como el ‘Sunday Times’ o ‘The Irish Times’, sin embargo, cree que llega un punto en el que debes dejar de ceder. Pone como ejemplo, de nuevo, a su padre: “En 1968 dejó de seguir un movimiento contra el hambre en Nueva York porque se dio cuenta de que aquella gente no quería cambiar nada. Bono tuvo una oportunidad así en Gleneagles, en 2005”.

“Lo que he querido hacer no es reírme de él, sino destacar que esto es un fenómeno serio, un refuerzo de la desigualdad y del poder”, advierte Harry Browne sobre el líder de U2

Se refiere al encuentro del G8 en esta ciudad cercana a Edimburgo, en Escocia. Allí, con el lema Make Poverty History (Hacer de la pobreza historia) se reunieron los presidentes de los ocho países más poderosos del mundo. Entre ellos, los entonces máximos dirigentes de Estados Unidos e Inglaterra, respectivamente: George Bush y Tony Blair. Bono se sumó a la cita y se fotografió sonriente junto a todos los asistentes. A tenor de los hechos, el congreso no supuso ningún cambio. “Hasta ese momento puedes justificar todos sus intentos por hacer algo”, señala Browne, “Pero entonces se volvió un prisionero voluntario del sistema. Y su activismo se volvió corporativo”.

“Lo que he querido hacer no es reírme de él, sino destacar que esto es un fenómeno serio, un refuerzo de la desigualdad y del poder”, advierte el periodista. De hecho, el autor confiesa tener muchas cosas en común con el líder de U2 (la misma edad, una infancia similar, la pérdida del padre en la adolescencia o la mezcla de identidad estadounidense e irlandesa) e incluso entender sus gustos por poseer varias residencias o querer alojarse en buenos hoteles, pero subraya la necesidad de “acercarse de otras formas a la justicia”.

Portada en inglés del libro 'Bono: En el nombre del poder'.

Portada en inglés del libro ‘Bono: En el nombre del poder’.

La alusión a una filantropía extendida entre las celebridades hace aflorar nombres como John Lennon, Michael Moore o Javier Bardem (del que ignora su faceta política). Browne alude al actor Martin Sheen: “Usa su notoriedad para estar al lado de gente que jamás tendrá visibilidad si no es gracias a él. Este acercamiento es más interesante, más creativo y más respetable. Lo que hace Bono es, más o menos, lo opuesto”. “No he querido fijarme en el ser humano. Ni siquiera tengo problemas con su dinero o la evasión de impuestos: creo que ese es un problema que tiene que controlarse más desde la esfera política”, añade, “pero sí sobre lo que se ha convertido en algo sociológico”.

Esta corriente en aumento no convierte a los protagonistas en farsantes o, al menos, “en lo que habitualmente se entiende esa palabra”, según el escritor. Simplemente es una forma de perpetuar el discurso vacío que mantiene el orden establecido. Por eso, el libro ‘Bono: En el nombre del poder’ (Sexto Piso, 2013) pretende obtener nuevos interrogantes y exponer algunas de las afirmaciones sobre el personaje examinado. “Supongo que es un texto con una vida larga, porque la gente se preguntará dentro de unos años ‘¿Cuál era el libro que decía que Bono era un capullo?”, bromea mientras se introduce en la piel del protagonista: “Sólo creo que es un miembro de la tecnocracia, un trabajador en esa esfera que probablemente piense que las críticas provienen de gente que no está en su misma órbita y que no lo entienden”. “A lo mejor tiene razón, aunque vive en una burbuja con una mirada limitada”, concede por fin, dejando caer con amabilidad y alegría no ha querido describir la figura artística y que, cómo no, “no es nada personal”.