Una bipolar con camiseta de rayas



‘Diario de una volátil’ va por su tercera edición y lo que queda. La ilustradora Agustina Guerrero, tras conquistar las redes sociales con su personaje La Volátil, la ha lanzado al papel con igual éxito

Una bipolar con camiseta de rayas
La ilustradora argentina Agustina Guerrero es la creadora de La Volátil.

La ilustradora argentina Agustina Guerrero es la creadora de La Volátil.

A La Volátil le gusta librarse de las ataduras del sujetador cuando llega por fin a casa; no puede dormir con la puerta del armario abierta y odia que coman en el cine. Así de peculiares y a la vez comunes son las manías y los gustos del personaje creado por Agustina Guerrero, una diseñadora gráfica de 32 años nacida en Chacabuco (Argentina) pero afincada en España desde hace 14 años, los últimos en Barcelona. Quién le iba a decir a la joven que lo que comenzó siendo su diario íntimo ilustrado iba a terminar siendo el proyecto que hasta el momento más éxitos le está dando.

«Nunca tuve intención de mostrarlo. Dibujaba situaciones que me pasaban. Sólo para mí», recuerda Guerrero de aquellos días en los que el personaje dormía en una carpeta azul que sólo ella y sus familiares conocían. «Era como una forma barata de ir al psicólogo. Un modo de reflejar los cambios que estaba experimentando siendo nueva en la ciudad». Hasta que un día, cuando entró en su casa de El Raval de Barcelona, al abrir la puerta se encontró con que le habían robado el trabajo de varios meses guardado en un portátil y un disco duro que se habían llevado del apartamento. En ellos se encontraba un cuento infantil que todavía hoy tiene pendiente retomar. Sólo le dejaron un viejo ordenador y aquel carpesano con los dibujos de una simpática figura menuda y con moño en la que el caco no reparó.

Ese fue el punto de inflexión. El inicio de La Volátil como ahora la conocemos. Agustina, movida por la rabia, se aventuró a publicar en Facebook la primera de muchas viñetas de ese diario personal que, para su sorpresa tuvo una enorme acogida por el público. Actualmente ya atesora en la red más de 415.800 seguidores y está trabajando en una línea de merchandising del personaje. «Ahora le doy las gracias al ladrón. Todo pasa por algún motivo», dice con la serenidad que le da el paso del tiempo.

De momento, ‘Diario de una volátil’ (Lumen) va por su tercera edición y tiene seguidores por todo el mundo, especialmente de Argentina, España, México, Venezuela y Colombia. Es el segundo libro de la autora, que ya publicó en 2013 ‘Nina, diario de una adolescente’ (Montena), traducido a varias lenguas.

El álter ego de la ilustradora

«La volátil es una treintañera que vive con su pareja… Es que es una chica como cualquier otra. Real, normal, que tiene miedo, es dulce y medio biopolar». Podría ser cualquiera, pero lo cierto es que se trata del álter ego exagerado de Agustina Guerrero. Un reflejo de ella que en ocasiones le ha dado cierto apuro mostrar a la luz por lo que pudieran pensar. «Sí, hay veces que pienso que lo que dibujo lo va a ver mi padre, mi suegro… Pero La Volátil funcionó por no tener ningún tipo de prejuicios ni pudor».

«Hay veces que pienso que lo que dibujo lo va a ver mi padre… Pero La Volátil funcionó por no tener prejuicios ni pudor», admite Guerrero

Ha sido el paso del tiempo el que ha hecho que lo que comenzó siendo algo autobiográfico ahora haya desarrollado su propia personalidad. «Tal vez La Volátil reacciona ante las cosas como a mí me gustaría hacer». En cierta medida, esa madurez también se ha reflejado en los trazos del dibujo, antes «mucho más oscuros», reconoce. «Cuando empecé, dibujaba mujeres en situaciones muy dramáticas, como las que hice para el libro de microrelatos ‘Siempre’ de Florencia Salvador. Incluso viendo ahora las primeras ilustraciones de La Volátil, éstas también han cambiado. Las primeras tenían expresiones mucho más duras. No le hacía mucho caso a la forma de hablar del cuerpo. Y a medida que fui desarrollando el personaje, me fui dando cuenta de que a través del cuerpo se puede hablar y que no hace falta poner tanto texto como ponía en mi diario íntimo. Con una expresión o un color puedes expresar mucho más que con una palabra».

Muecas frente al espejo

Para la argentina, tanto ha cambiado su concepción de la viñeta que atrás quedaron las escenas con bocadillos repletos de palabras. Ahora priman los gestos y la cara. De ahí que el personaje siempre vaya vestido con su camiseta a rayas. Agustina Guerrero tiene sus particulares técnicas para alcanzar la mueca perfecta: «Ensayo las expresiones (ríe). Tengo un espejo frente a mi tablero y siempre pienso de qué manera hablaría mi cuerpo para decir algo. Intento pensar, hago el gesto y luego lo dibujo. Mi chico se sorprende cuando me ve hacerlo. Incluso cuando estoy dibujando, voy poniendo esa cara… Y también hablo. Cuando tengo que escribir un diálogo, lo digo en voz alta para saber qué tengo que destacar».

La Volatil ha evolucionado desde su creación. Ahora, «con una expresión o un color puedes expresar mucho más que con una palabra»

De la ilustradora se ha dicho que su sentido del humor guarda cierto parecido con los argentinos Maitena, Quino y Liniers, dibujantes estos dos últimos con los que ha crecido Guerrero y a los que admira. Esa circunstancia le ha hecho pensar en la necesidad de «resultar neutral con el idioma» para poder llegar al máximo público posible, aunque en algunas viñetas el lector podrá intuir con facilidad esas expresiones gauchas que dan más carisma aún al personaje.

Inspiración de una ambidiestra

El proceso creativo siempre es el mismo. Una historia cotidiana, varios bocetos, repaso con rotulador y retoque en el ordenador. «Es curioso», comenta, «dibujo siempre con la izquierda pero pinto con la derecha. Me acostumbré a tener el ‘mouse’ a la derecha y cuando paso los dibujos por Photoshop, tengo que trabajarlo así».

La Volátil es una vida en clave de humor a través de los ojos de un personaje femenino, pero no es un libro destinado sólo a mujeres.

La Volátil es una vida en clave de humor a través de los ojos de un personaje femenino, pero no es un libro destinado sólo a mujeres.

Durante los inicios, su fuente de inspiración era su día tras día. Las cosas cotidianas que le ocurrían, como su incapacidad para orientarse o aquellas cosas que le dan placer, ya sea hacer pis cuando lleva tiempo aguantando, darle la vuelta a la almohada y que esté fría o encontrar dinero en un abrigo. Ahora, con la popularidad no sólo le llueven sugerencias de amigos y familiares, sino que son también sus seguidores quienes le escriben para que plasme alguna de sus anécdotas en papel.

«Todo el tiempo me están contando historias, pero tengo que vivirlas para poder dibujarlas. Hacerlas mías. Hay algunas que son tan ajenas que no las puedo hacer. Mis amigas o la familia de mi pareja o la mía siempre me sugieren algo que podría ir bien para una viñeta. Todo mi entorno ve las cosas en imágenes», comenta entre risas. «A la gente cercana le gusta salir. A veces pongo detalles que sólo nosotros sabemos. Me gusta meter algún guiño. En una viñeta sale un muñequito que me tejió una amiga mía. En otra sale una amiga escondida entre muchos personajes…».

En ‘Diario de una volátil’ se recoge un 30% de material inédito que no ha publicado en redes

Aunque el eje central es la vida real vista en clave de humor a través de un personaje femenino, no se trata de un libro destinado sólo a mujeres: «De hecho a mí me escriben chicos que dicen que les ayuda a conocer a su pareja pero que también se sienten a veces identificados con La Volátil. No son temas exclusivos de una mujer», recuerda.

En ‘Diario de una volátil’ se recoge un 30% de material inédito que no ha publicado en redes, algo que hace especial el libro. Pero no sólo eso, su autora destaca también el ritmo de lectura que permite al lector tener en papel las viñetas, en contraposición a las redes sociales. «Eso es lo que más me alegra de tener el libro en mano. La lectura es más lenta. En internet se ve a toda velocidad. Es curioso porque precisamente las ilustraciones que tienen una lectura más pausada son las que en Facebook peor funcionan. Y para mí son las mejores».

Agustina, en respuesta a si esas viñetas más profundas de las que habla podrían llegar a tener un calado político contesta sinceramente: «A veces me dan ganas de denunciar cosas que pasan. Pero La Volátil ya tiene su propio estilo y tal vez sea posicionarme. No es lo que yo quiero para este personaje. Quizás nazca otro que sí sea de ese rollo».

Por el momento la combinación de desenfado, naturalidad y un punto de locura parece estar funcionando a la perfección y, lo que es mejor de todo, contribuye a dignificar más la profesión de ilustrador, como ya lo están haciendo otros que han saltado a la fama. «La gente está empezando a considerar la ilustración como una profesión y no una afición. A mí ya me pasa menos eso de que me encarguen hacer un dibujo y decirme que no me van a pagar. Por suerte ya me piden un presupuesto. Que lo acepten o no es otra cosa. Pero ya es un paso (sonríe).»