Todas las emociones son de Vetusta Morla



Un público rendido desde el minuto uno disfrutó el sábado en Burjassot del último concierto en el que Vetusta Morla se acompañó de los mexicanos Zoé. Emoción y entrega de un auditorio que, pese al mal sonido del recinto, mantiene viva la llama de un grupo de masas que ha llegado para quedarse

Todas las emociones son de Vetusta Morla

Entradas agotadas como en la práctica totalidad de la gira y colas que daban la vuelta al auditorio desde una hora y media antes de la apertura de puertas. Vetusta Morla ya se permite tener números de estrella y disfruta de una legión de seguidores que el sábado salieron del Auditorio de Burjassot (Valencia) con las palmas de las manos rojas. Se entregaron a la banda madrileña desde el minuto uno y disfrutaron de la última cita de la gira en la que Zoé ejercía de telonero.

Los mexicanos vuelven a casa tras devolver visita. Las dos bandas han generado una relación muy difícil de ver en otro contexto. Los madrileños recorrieron parte de México teloneando a Zoé, verdaderas estrellas llenaestadios en su casa, y ahora se ha cerrado el círculo. No se notó fuera de contexto a Zoé el sábado. Y eso que fueron los más perjudicados por el mal sonido del recinto en algunos momentos. Durante casi una hora recorrieron con una decena de canciones un repertorio muy del estilo de los fans de Vetusta, pero poco conocido aún en España. Y eso que tiraron de lo más radiado en España de su ‘setlist’ con canciones como ‘Nada’, más rápida que en la versión acústica en la que se acompañaron de Enrique Bunbury, o ‘Arrullo de estrellas’, con la que el público comenzó a conectar. Ya no se bajaron de ese carro gracias a temas como ‘Poli’, cantado cigarro en mano por León Larregui; ‘Camara lenta’, ejecutada con dos baterías, prescindiendo de los arreglos de percusión y alargada con sonidos eléctricos que rozaban la psicodelia; las aplaudidas ‘Panorama’ y ‘Soñé’; y ‘No me destruyas’, con la que cerraron su parte de la noche.

Con el sonido pulido, hasta donde dejaba la técnica, Vetusta Morla salió al escenario sin cortarse. Pucho marcó la coreografía con la que ejecuta su papel y comenzó el desfile de ‘La deriva’, su último disco con el que se centró una gran parte de concierto y que fue interpretado sin dejar una sola canción en el tintero. Vetusta Morla apuesta con él por letras mucho más directas, con contenidos sociales y reivindicativos. No deja de lado los anteriores discos, ‘Mapas’ y ‘Un día en el mundo’, pero queda claro por dónde van las preferencias a día de hoy. Los fans supieron valorarlo.


‘Salvese quien pueda’, el pasado sábado en Burjassot. Vídeo: Majo Ch (YouTube).

Ni un segundo de descanso

‘La deriva’, ‘Fuego’ y ‘Golpe maestro’ pusieron al público con los cinco sentidos entregados. Paladeaban el directo de la banda cuando su cantante no se dio por satisfecho. «Sois el público más ruidoso de lo que llevamos de gira», picó a la vez que avanzaba la intención de este nuevo disco «con muchos cambios y muchas variaciones».

La conexión con el público se fue fraguando poco a poco con el piano de ‘La mosca en tu pared’, el cambio de dirección de ‘Pirómanos’, una de las canciones del nuevo disco llamadas a marcar el paso, y ‘Un día en el mundo’, el primer guiño al primer LP de la banda, que sonó en esta ocasión con más carga de guitarra. El «mírame, soy feliz» de su letra era la mejor definición del auditorio en ese momento.

Descansó la cosa con ‘Cuarteles de invierno’, uno de los temas que más gana en directo del nuevo disco, y con ‘Maldita dulzura’ y ‘La grieta’. La pelota se había quedado en ese momento en el terreno perfecto para ‘Mapas’, uno de los grandes momentos de la noche, gracias a la unión de banda y público a base de palmas. ‘¡Alto!’ dejó paso a ‘Copenhague’ y ahí ya estaba todo el pescado vendido. Un par de personas se señalaban el vello de punta desde la pequeña grada del auditorio mientras el resto se dejaba llevar. Sonaba más la voz de los asistentes que la que salía de los altavoces.

Los miembros de Vetusta Morla y Zoé, comiendo juntos horas antes de concierto junto al staff de la gira. Foto: Vetusta Morla (Instagram).

Los miembros de Vetusta Morla y Zoé, comiendo juntos horas antes de concierto junto al staff de la gira. Foto: Vetusta Morla (Instagram).

‘Las salas de espera’ o ‘Tour de Francia’ prepararon el terreno a la recta final del concierto, que se quedó cerca de las dos horas de duración. ‘La cuadratura del círculo’ se adecuaba a su nuevo lugar en el ‘setlist’ con un tono más ‘rocker’ que no impidió que acabara siendo coreada. ‘Fiesta mayor’ cerraba la primera tanda de canciones de una manera sublime, reivindicando el papel de la sociedad civil ante determinados poderes fácticos.

Tuvieron que calmar los ánimos cuando volvieron a salir con ‘Una sonata fantasma’, pero no mantuvieron el tono mucho tiempo así de bajo. Recurrieron a una nueva versión (y van…) de ‘Sálvese quien pueda’, que contó con un inicio y una base de tintes electrónicos que se metió al público en el bolsillo desde el principio. Ya no había tiempo ni lugar para equivocarse y tampoco falló ‘El hombre del saco’, que comenzó con palillos en el centro del escenario y mucha presencia de la guitarra principal, uno de los signos más notables durante toda la noche. También hubo espacio para recordar a Zoé y para instruir al público en la deriva que centra la temática del disco. «A todo el mundo le llega su deriva», avisó Pucho en su discurso final nada improvisado. «Hay derivas de todo tipo, que cada cual tome sus medidas», sentenció al ritmo de la letra de la canción.

Poco importaba ya que se hubieran quedado fuera canciones básicas del repertorio como ‘Año nuevo’ o ‘Saharabbey Road’, con la que antaño se cerraban los conciertos en comunión con el público. El tarareo final de la gente sustituyó esa emoción. Todo se le perdonaba en ese momento a Vetusta Morla.