“Hace unos años despunté en el mundo del libro digital con una novela autopublicada, ahora no sé si podría”

La música y la literatura entraron a la par en su vida. Baterista de un grupo punk en su juventud, Ángel Gil Cheza presenta su tercera novela, ‘Pez en la hierba’, ambientada en una Vila-real oscura y legendaria con el fútbol femenino de fondo

“Hace unos años despunté en el mundo del libro digital con una novela autopublicada, ahora no sé si podría”

Ángel Gil Cheza nació en Vila-real en 1974. Licenciado en Humanidades, desde muy joven sintió la necesidad de expresarse a través de la música y de la literatura. Una biografía repleta hasta los topes de proyectos culturales, musicales y literarios le delatan. Actualmente trabaja como editor y creativo en Papel Mojado, una «proyectora». Así define el escritor castellonense la empresa que gestiona junto a su cuñado y a su pareja, la violonchelista Lluïsa Ros Bouché, con quien también integra la formación musical Bonjour Potemkin.

Sus dos primeras novelas, ‘La lluvia es una canción sin letra’ y ‘El hombre que arreglaba las bicicletas’, ambas autopublicadas, se colaron entre los 10 ebooks más vendidos en Amazon. La editorial Suma de Letras llamó a su puerta. Con ‘Pez en la hierba’ el autor de Vila-real se adentra por primera vez en el género negro y lo hace sin olvidar su inconfundible prosa poética. La historia, ambientada en su ciudad natal, está atravesada por un editor (profesión que también ejerce junto con la escritura y la música) en plena crisis existencial, un mundo subterráneo repleto de leyendas y, de fondo, el fútbol femenino, símbolo de una sociedad injusta y machista. Un tema tabú que el espíritu punk de Gil Cheza saca a relucir en esta novela dura, que se lee de un sorbo por los acertados giros narrativos de la trama y por unos personajes bien perfilados. La crítica social entra en escena poco a poco, como una fotografía que se va dibujando en el líquido revelador.

Dices que tus novelas nacen de una pregunta. ¿Qué pregunta te ha llevado a escribir ‘Pez en la hierba’?

La pregunta destripa un poco la novela. Pero podemos hacernos la pregunta de qué ocurriría si un elemento que se desarrolla muy bien en su medio cambiase de medio; qué intereses, qué estructuras económicas y de poder pondría en peligro. La novela surge como un organismo fuera de su hábitat.

Hablas del fútbol femenino, un tema olvidado.

Es el fútbol invisible, yo no me había planteado si existía o no. Es una parte fundamental del origen de la trama y la idea inicial era pasar sobre él un poco de puntillas, pero cuando comencé a investigar descubrí proyectos muy interesantes. En la India hay una ONG que trabaja con niñas para acercarlas a la escolarización y alejarlas de los matrimonios prematuros y de la redes de trata de personas. Las jugadoras y la entrenadora de la sección femenina del Villarreal CF me recibieron con el vestuario abierto y comencé a conocer un mundo fascinante, que pone la piel de gallina. Me he encontrado con este tema de casualidad. Estas personas merecen más atención, así que la novela también se convirtió en un grito de solidaridad con este el mundo lleno de dificultades impuestas por la ley, los propios condicionamientos sociales y los intereses económicos.

La trama de la novela requiere una investigación realmente exhaustiva. ¿Te gusta más escribir o investigar?

Me gusta más escribir pero te ves obligado a investigar y encuentras a gente muy fascinante que te hace el trabajo mucho más fácil. Hice muchas entrevistas, visite el Arxiu Municipal de Vila-real, muy completo. La investigación ha sido dura, y es interesante ver cómo mis personajes la recorren a la par que yo, aunque ellos por unos derroteros más narrativos y literarios. Tenía que pensar cómo va averiguar el protagonista lo que yo iba descubriendo, aunque mi modus operandi no fue tan narrativo ni fascinante como en la ficción. No obstante, la leyenda de la cueva no forma parte de la ficción, es real.

De hecho la cueva es un personaje más de la novela, que simboliza las miserias de la sociedad.

Es un punto de vista muy interesante. La cueva que recorre el subsuelo de Vila-real existe, todo el mundo sabe que está pero muy poca gente habla de ella. Es un tema tabú.

¿Qué emociones te causó escribir sobre tu ciudad natal?

Llevo 15 años sin vivir allí [Ángel Gil Cheza ha vivido en Irlanda, Barcelona y Castellón ciudad], pero este año me mudo otra vez a Vila-real. Escribir sobre tu ciudad es una oportunidad para la nostalgia, también para reconstruir tu memoria. A pesar de ser escritor tengo muy mala memoria, y esto me ha ayudado a reconstruir etapas de mi vida que había olvidado. Escribes con mucha más seguridad y con la licencia de dar un tamiz. Hace poco alguien me decía que era un pueblo más bonito en la novela de lo que es en realidad. Yo he intentado hacer el pueblo que tengo en mi imaginario, el de mi infancia y adolescencia, cuando pasear a las 3 de la madrugada era una aventura poética. En esas edades todo tiene una doble visión, esa visión he intentado reproducirla en la novela.

Tus novelas anteriores se colocaron en el TOP 10 de ventas de Amazon, novelas autopublicadas, que luego Suma de Letras ha publicado en papel. ¿Cómo ves el mundo editorial en estos momentos (tú que has estado en las dos orillas, en la edición y en la creación)?

El mundo editorial está pasando un momento duro, de cambio. Hace dos o tres años conseguí despuntar en el mundo del libro digital con un libro autopublicado pero ahora no sé si podría. Actualmente hay mucha gente intentándolo, y haciendo muy buenas novelas. Hay escritores con muy buenas novelas que no las verán publicadas nunca y, por desgracia, otros que quizá no merecen tanto que se las publiquen y ahí están. Esto forma parte de la dinámica del mercado. La gente que disfruta escribiendo no debería observar lo que ocurre en el mercado editorial sino trabajar.

Trabajas, escribes pero para que eso llegue a un público es muy complicado…

En el mundo editorial, como en todo, hay que vivir el presente. Cualquier obra puede ser tu última obra publicada, no sabemos hacia donde irá el mercado, pero esa satisfacción de escribir, la felicidad de sentarte delante de tu ficción y trabajarla, y ver cómo tus personajes se vuelven a poner en marcha, eso no te lo puede quitar nadie.

En un episodio de la novela haces un guiño al trabajo de editor. Al protagonista le preguntan si es escritor y responde que no, que es editor. ¿En qué figura te sientes más cómodo?

Me siento más cómodo como escritor. Miquel [el protagonista] no. Es un editor que no se plantea crear una historia nueva, simplemente se conforma con las historias de los demás. Y esto es un trabajo muy duro, es muy difícil hacer una historia que interese al lector pero también es muy difícil encontrar los fallos de una novela, ayudar a resolverlos y convertir esa novela de seis en una novela de nueve. Tienes que hacer ese mundo tuyo y trabajar con otra persona, y eso es complejo. Es un trabajo en la sombra, que cada vez se hace menos porque no es rentable hacer editing, a no ser que sea un libro con opciones de ser una gran negocio y no dé la talla. Ya nadie invierte en editing porque hay 150 novelas encima de la mesa esperando a ser publicadas, se hace en casos muy puntuales, grandes éxitos comerciales, etcétera.

Sigues componiendo canciones, ¿cómo llevas el cambio de registro?

Es interesante. Estuve desde los 16 hasta los 30 años escribiendo canciones. Entonces decidí escribir mi primera novela fruto de unas vivencias en Irlanda y me di cuenta de que tenía una problema: había aleccionado a mi cerebro a hacer canciones. Contar una historia en 14 versos es una manera de trabajar que mi cerebro ya había asimilado, pero desplegar una historia en 400 páginas me costó mucho. Tras escribir la primera novela me pasó al contrario. Desde mi primera novela hasta que volví a escribir una canción pasaron seis años. No podía revertir este proceso. Tuve que volver a educar al cerebro para escribir una canción. Fue frustrante. Un día lo que tenía que decir era tan importante que me salió esa canción y rompí el bloqueo.

‘Pez en la hierba’ es novela negra, pero con muchos más matices.

Se sale un poco del género por la parte filosófica que rodea la novela. Y hago política. Política es todo, política es la forma que tiene una persona de ver el mundo, de relacionarse con el resto, y creo que eso se destila en cada personaje de mi novela. Además creo que tiene mucho de novela de personajes. Es una novela negra pero con una prosa que apela a las emociones.

Muchos críticos la comparan con la novela negra escandinava.

Creo que es una buena comparación. Desde Stieg Larsson [autor de la trilogía Millenium], todo el género negro que se ha escrito en Europa está influenciado por los escandinavos. Millenium es muy comercial pero aporta muchas cosas nuevas, aporta una fotografía social de los suecos, una fotografía geográfica, climática, nos da mucha información que va más allá de la historia y esto la enriquece. La novela negra anterior a Larsson era más pausada, de lectura mas difícil.

La novela también es muy social.

Sí, es una fotografía social de un pueblo de la costa mediterránea pero en realidad habla de la sociedad valenciana en general.

¿Permanece el espíritu punk en la novela?

Yo creo que sí. No puedo evitarlo. Además, el protagonista nombra de pasada algunos carteles punk de la época que tiene en su habitación. Quien haya conocido Vila-real en los 80 sabe que este pueblo era una cuna del punk increíble y este espíritu está en la atmosfera. Durante cinco años formé parte de un centro social ocupado en Vila-real, en los años 90. Tuvo mucha repercusión. De hecho, llegó a tocar Greenday.

¿Continuarás con el género negro?

Sí, continúo con género negro. Me ha gustado la dicotomía entre una prosa poética dentro de una historia dura. Me sirve para hacer crítica social.